Medicamentos que controlan las molestias de la artritis

Los medicamentos de prescripción y de venta sin receta más usados contra la osteoartritis se describen a continuación:

  • Aspirina: La dosis establece la diferencia; por este motivo el médico determina la dosis adecuada específica. El dolor puede mejorarse con 2 tabletas cada 4 horas y probablemente se requiera emplear esta dosis durante 1 o 2 semanas para superar la inflamación.
  • Paracetamol (acetaminofeno): Este producto de venta sin receta mejora el dolor en igual grado que la Aspirina y tiende a producir menos malestar estomacal. No disminuye la inflamación; pero, debido a que las articulaciones no suelen estar inflamadas en la osteoartritis, es una buena opción casi siempre.
  • Antiinflamatorios no esteroides (AINE): Estos medicamentos son tan eficaces como la Aspirina y suelen tener menos efectos colaterales, si bien su costo es mayor. Probablemente se requieran dosis diarias menores que con la Aspirina.
  • Corticosteroides: Son sustancias parecidas a una hormona producida por las glándulas suprarrenales. Disminuyen la inflamación. Existen casi 20 tipos disponibles y el más común es la prednisona.

Los médicos no prescriben corticosteroides orales contra la osteoartritis; pero ocasionalmente inyectan cortisona en las articulaciones con inflamación aguda. El uso frecuente de estos fármacos puede acelerar la enfermedad y las inyecciones suelen limitarse a no más de dos o tres al año.

Advertencia

Hay que consultar al médico si se utilizan AINE o Aspirina de manera regular durante un lapso mayor de 2 semanas para tratar el dolor articular.

Otros métodos para mejorar el dolor

Se recomienda consultar al médico, terapeuta ocupacional o fisioterapeuta sobre los tratamientos que se describen a continuación:

  • El calor relaja los músculos que rodean a una articulación adolorida. Puede aplicarse el calor superficial con agua caliente, baños de parafina, cojín térmico, compresas calientes o lámpara térmica; pero hay que tener cuidado a fin de evitar quemaduras. En caso de requerir penetración profunda, el fisioterapeuta puede usar el ultrasonido o la diatermia de onda corta.
  • El frío actúa como un anestésico local, además de disminuir los espasmos musculares. Las compresas frías suelen ser útiles cuando existe dolor al mantener los músculos en la misma posición.
  • La inmovilización brinda sostén y protege articulaciones débiles y adoloridas durante la actividad; además, permiten mantener una posición adecuada por las noches, con lo que se propicia el sueño reparador. Sin embargo, la inmovilización constante puede debilitar los músculos y disminuir su flexibilidad.
  • Las técnicas de relajación, incluidas la hipnosis, imaginación guiada, respiración profunda, relajación muscular y otras, suelen aminorar el dolor.
  • Otras técnicas, como los ejercicios de bajo impacto articular, control del peso corporal, dispositivos ortopédicos (como las plantillas) y auxiliares de la marcha (bastones y otros) fortalecen los músculos y reducen la presión sobre las articulaciones, logrando de tal suerte la disminución del dolor.

Protección de las articulaciones

La “mecánica corporal” correcta le ayuda a desplazarse empleando esfuerzos mínimos. El fisioterapeuta o terapeuta ocupacional pueden proponerle técnicas y equipos que protejan las articulaciones al tiempo que disminuyen los esfuerzos y conservan la energía. Entre las modificaciones posibles se incluyen las siguientes:

  • Evitar acciones de prensión que sometan a esfuerzo las articulaciones de los dedos de la mano. Por ejemplo, en vez de bolsas con asa, conviene seleccionar otras que tengan correa para cargar sobre el hombro. Puede usarse agua caliente para aflojar las tapas de frascos y ejercer presión con la palma de la mano al abrirlos, o usar un abridor de frascos. No se deben girar o usar las articulaciones de manera forzada.
  • Distribuir el peso de un objeto en varias articulaciones. Por ejemplo, usar ambas manos para levantar una cacerola pesada. Se recomienda probar el uso de un bastón.
  • Descansar periódicamente para relajarse y distender los músculos.
  • Una mala postura corporal establece una distribución desigual del peso y puede poner en tensión los ligamentos y músculos.
  • Usar siempre los músculos más poderosos y preferentemente las articulaciones grandes. No abrir una puerta pesada de vidrio empujándola; es preferible recargarse sobre ella. Para levantar un objeto, flexione las rodillas y póngase en cuclillas al mismo tiempo que se mantiene recta la columna vertebral.
  • Existen herramientas especiales que facilitan la sujeción para abotonar camisas y realizar tareas en la cocina. Conviene ir a la farmacia o consultar a un profesional de la salud para obtener información sobre cómo adquirir estos productos.

Evite el engaño de tratamientos no comprobados

Una de cada 10 personas que prueban un remedio de eficacia no comprobada contra la artritis refiere que estos tienen efectos adversos. Se enumeran a continuación algunas falsas afirmaciones nutricionales populares:

  • El aceite de hígado de bacalao “lubrica” las articulaciones rígidas. Aunque esto pueda parecer lógico, el organismo trata al aceite de hígado de bacalao de modo similar que a cualquier otra grasa; no proporciona ayuda especial para las articulaciones. El consumo de grandes cantidades de aceite de hígado de bacalao puede causar intoxicación por vitamina A y D.
  • Ciertos alimentos causan “artritis alérgica.” No existen pruebas para afirmar que las alergias a alimentos produzcan artritis. Además, no se mejora la artritis si se evita ingerir tomates u otros alimentos.
  • Los aceites de pescado reducen la inflamación. Las nvestigaciones sobre la artritis reumatoide indican que los ácidos grasos omega3 de los aceites de pescado proporcionan mejoría discreta y temporal de la inflamación. Aunque este hallazgo es válido, no se aconseja el consumo de complementos de aceite de pescado. Se requerirían 15 cápsulas diarias y los médicos no saben si tal dosis es segura. Una dosis menor sería de poca utilidad.



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