Pruebas para diagnosticar problemas a la próstata

En el momento en que el médico ya conoce los síntomas del paciente, el alcance del problema y el tamaño de la próstata, querrá someter al paciente a unas pruebas para confirmarlo y establecer el tipo de tratamiento adecuado. Algunas pruebas se realizan en casi todos los casos, y otras sólo en determinadas ocasiones.

Puesto que el bloqueo de la uretra disminuye la velocidad de la micción, la medición del flujo miccional revelara la presencia de una obstrucción benigna como la HPB.

Se pedirá al paciente una muestra de orina, que puede obtenerse en el momento de la medición del flujo máximo miccional. Por lo general, se extrae una muestra de sangre para examinar el funcionamiento de los riñones y medir la presencia de una sustancia llamada antígeno prostático específico (PSA). Los resultados del análisis de sangre tardan unos días en obtenerse.

Medición del flujo máximo miccional

Si la próstata obstruye la abertura de la vejiga, dificultará la micción. Para analizar este fenómeno se utilizan instrumentos que miden el flujo de la orina. El análisis es muy sencillo: se orina en el interior de un recipiente en forma de embudo, como si se estuviera utilizando el servicio, y todas las mediciones se realizan de forma automática.

Con todo, el análisis sólo es preciso si el paciente orina en abundancia. Es recomendable beber mucho líquido antes de acudir a la consulta; si se acude con la vejiga llena, mucho mejor. En caso contrario, antes de realizar el análisis se solicita al paciente que beba agua y se espera a que tenga la vejiga llena. Si al encontrarse en la sala de espera el paciente siente la necesidad de orinar, deberá comunicarlo al personal médico. Quizá se le permita someterse al análisis de flujo miccional en ese mismo instante.

A veces, al someterse por primera vez al análisis puede que se orine en muy escasa cantidad. Si esto ocurre y unos minutos después se siente la urgencia de volver a orinar, no hay que ir al servicio: hay que comunicarlo al personal médico para así usar de nuevo la máquina de flujo miccional.

Al orinar en la máquina debe hacerse de forma relajada, ya que la tensión podría afectar a la lectura. Se intentará que el flujo miccional tenga una única dirección; permitir que «se desvíe» podría dar como resultado una falsa lectura. También debe evitarse golpear la máquina durante la prueba. Estas precauciones ayudarán a obtener un registro preciso que determinará si la próstata obstruye la uretra o no.

Radiografía y ecografía

Los hombres afectados por una enfermedad de la próstata suelen hacerse una radiografia llamada urografia intravenosa (UIV), que consiste en la inyección de un tinte para observar los riñones a través de los rayos X. En la actualidad, la radiografia se realiza sólo en determinadas circunstancias, por ejemplo, si se ha detectado sangre en la orina.

Una radiografia simple de abdomen puede ser muy útil para asegurarse de que no hay piedras en la vejiga o en los riñones. También permite observar el tamaño de la vejiga y por ello se suele realizar tras una micción —tal vez inmediatamente después de la prueba de flujo miccional— para comprobar si se vacía por completo.

La ecografía se realiza para observar los riñones y es muy simple: el médico o el radiólogo se limita a pasar un pequeña sonda por la espalda y la pared frontal del abdomen. Este método también sirve para medir la correcta evacuación de la vejiga. Puede hacerse al tiempo que se examinan los riñones, aunque también existen pequeños equipos portátiles utilizados tanto por un médico como por un auxiliar de enfermería.

Otras pruebas

Las pruebas que se han descrito aquí se realizan por lo general a hombres que padecen un problema de próstata. En determinadas ocasiones, se requieren otras pruebas. En caso de detectar sangre en la orina, si se sospecha que puede haber cálculos en el riñón o se aprecia alguna anomalía renal gracias a la ecografia se realiza una urografia intravenosa.

Ecografía transrectal

La ecografia transrectal se realiza con una sonda metálica. Ésta se introduce con cuidado por el ano, y permite observar el interior de la próstata. En caso necesario, se introduce una fina aguja en la próstata para extraer pequeñas muestras y examinarlas al microscopio (biopsia). Esta prueba se realizará en caso de que sea necesaria una medición exacta del tamaño de la próstata o si se sospecha la existencia de un cáncer. Algunos centros de urología poseen una máquina portátil para realizar esta prueba, y la utilizan con la mayoría de pacientes que sufren trastornos de la próstata.

Cistograma

Con bastante frecuencia es necesario realizar una prueba muy importante denominada cistograma (o evaluación urodinámica). Para llevarla a cabo se introduce un pequeño tubo llamado sonda vesical a través de la uretra, con el fin de medir la presión en el interior de la vejiga mientras ésta se llena de líquido.

A veces la prueba revela espasmos derivados de una presión creciente, una afección que recibe el nombre de «inestabilidad vesical» y es una de las causas de la polaquiuria y la urgencia imperiosa. Éste es uno de los fenómenos que se producen cuando la hiperplasia prostática benigna (HPB) obstruye la uretra, pero siempre existen posibilidades de que mejore tras una operación de próstata. Sin embargo, existen otras razones para padecer inestabilidad vesical; si no se trata de la HPB, una operación de próstata no mejorará la situación y puede llegar a empeorar los síntomas.

También es importante medir la presión durante la micción. Una escasa fuerza del chorro suele ser consecuencia de un bloqueo derivado de la HPB. La vejiga tiene que esforzarse, así que la presión es mayor que en circunstancias normales. Con todo, en algunas ocasiones el flujo escaso no se debe a la obstrucción de la próstata, sino a que la vejiga es débil. Se trata de otro síntoma que no mejorará tras la operación de próstata.

A veces puede ocurrir lo contrario: la vejiga trabaja con gran intensidad, y provoca una presión tal que el nivel del flujo sigue siendo elevado. Entonces resulta esencial la operación de próstata.

Someterse a un cistograma no es muy agradable, puesto que implica la introducción de una sonda hasta de la vejiga y otro tubo por el conducto rectal mientras se conecta al paciente a una máquina bastante compleja de registro visual. Para el afectado, resulta algo incómodo que le llenen la vejiga y tener que orinar a través de un tubo que aún se encuentra en la vejiga. Por este motivo, el cistograma se recomienda sólo cuando se va a realizar una intervención quirúrgica o cuando las pruebas más simples no han dado resultados claros. Se trata de una prueba muy importante, pues evita que se administre un tratamiento inadecuado.

En algunos centros se aplica un nuevo método: los tubos se conectan a un pequeño aparato portátil, instalado en un cinturón. El paciente puede moverse y las mediciones se realizan durante varias horas mientras la vejiga se llena y vacía de forma natural durante la realización de actividades cotidianas. Este sistema recibe el nombre de evaluación urodinámica ambulatoria y su uso se extenderá en el futuro.

Cistoscopía

En algunos casos resulta importante examinar la vejiga y la próstata a través de la observación interna con un instrumento que se llama cistoscopio. Esto resulta esencial si se ha detectado sangre en la orina, y es aconsejable cuando los síntomas son sobre todo del tipo irritativo y se deben a algún trastorno de la vejiga. También se examina la uretra, ya que es una buena forma de descartar la estenosis (constricción) uretral.

Algunos cirujanos consideran muy útil la cistoscopia para preparar la intervención quirúrgica, ya que pueden observar primero el aspecto de la próstata. En el pasado, cuando sólo se disponía de cistoscopios de metal rígido, solía administrarse anestesia general. En la actualidad, el urólogo acostumbra usar un cistoscopio flexible que puede introducirse en la vejiga sin grandes molestias. Para insensibilizar la uretra se suele aplicar un gel que contiene anestesia local.

La prueba dura unos minutos y gracias a la flexibilidad del instrumento incluso el paciente ve el interior de la vejiga. Para mejorar la visibilidad, se introduce un poco de líquido durante la prueba. Quizás esto produzca una leve sensación de frío, pero también llenará la vejiga (aunque no de orina). El paciente no debe tener miedo a sufrir un «accidente», ya que aunque pasara algo, el personal médico está preparado para enfrentarse a un poco de agua. Al acabar la prueba el paciente tendrá que orinar y si se siente indispuesto o cree que no ha vaciado del todo la vejiga deberá avisar al médico, ya que no debe marcharse hasta sentirse a gusto. Tras la realización de un cistograma o una cistoscopia el afectado puede sentir dolor, escozor al orinar o detectar sangre en la orina. No se preocupe, pues pronto volverá a la normalidad, sobre todo si ingiere mucho líquido durante unos días. Si no mejora o encuentra alguna dificultad al orinar, debe llamar al centro especializado o acudir al médico.




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2 Comentarios en Pruebas para diagnosticar problemas a la próstata

  1. Rafael Dice:

    Yo estoy en tratamiento por HBP y hoy precisamente me van a hacer la prueba de flujo miccional. Y como tengo una cierta incontinencia me preocupa el que pueda sufrir un “accidente” al ir a la consulta con la vejiga llena de agua. Pienso que deberían citarnos con bastante anterioridad a la prueba, terminar la ingesta de agua en la consulta y hacer la prueba cuando se sienta la urgencia por orinar. En fin, esperemos que mis flamantes pantalones no acaben en remojo como tajada de bacalao.

  2. fernando Dice:

    Gracias por este articulo. Es muy interesante porque habla de los metodos modernos de analisis. Con todo esto ya se a que voy cuando mi medico familiar me manda a analisis de prostata. Felicidades y exitos en su profesion. Saludos

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