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Reumatismo y los elementos sanguíneos

Reumatismo y los elementos sanguíneos

En muchas enfermedades reumáticas la sangre no presenta alteración alguna y los métodos convencionales utilizados en los análisis efectuados, no revelan ninguna clase de cambio. Pero en otras enfermedades reumáticas de tipo inflamatorio el estado de la sangre descubre una serie de trastornos que tienen mucha importancia para distinguir una enfermedad de otras parecidas y luego para seguir el curso del proceso y comprobar la tolerancia al tratamiento y el grado de mejoría observada.

No se debe olvidar el hecho de que algunas enfermedades de la sangre muy graves produzcan, desde el principio, síntomas de reumatismo, como son los dolores articulares y los enfermos se tratan los dolores sin saber que lo que padecen es una enfermedad de la sangre, por ejemplo, una «leucemia», como sucede alguna vez con los niños y ocasionalmente en los adultos. En los niños puede ocasionar dolores parecidos a los que produce la «fiebre reumática» o la «poliartritis crónica». En los mayores presentan síntomas de «gota» o de descalcificación.

Las «anemias» de muchas clases aparecen con bastante frecuencia produciendo dolores reumáticos desde el principio y si los enfermos toman medicamentos antirreumáticos sin saber que padecen una enfermedad de la sangre que es la causa de los dolores, no sólo pierden la oportunidad de curarse, sino que también se exponen a empeorar la situación, porque algunos medicamentos aún agravan más la anemia original. Es completamente necesario saber la enfermedad que produce los dolores, antes de empezar a tomar medicamentos «a ciegas».

Algunos «tumores malignos» de la sangre también pueden producir desde el principio dolores reumáticos, antes de presentar otros síntomas que hagan pensar en su existencia. Unas veces estos dolores aparecen en la espalda y se diagnostican de descalcificación, administrándose entonces calcio y vitaminas, que no consiguen hacer ninguna clase de efecto, porque mientras la médula del hueso esté ocupada por el tumor, ni el calcio ni las vitaminas pueden llegar a su destino.

El caso de la suegra de Camilo. Camilo era un albañil que estaba trabajando en casa. Su suegra tenía «reumatismo». La llevó al médico, quien le diagnosticó descalcificación. La pobre mujer estaba tomando grandes cantidades de calcio y vitaminas sin resultado alguno y se hallaba postrada en cama. Me pidió que la viera, ya desesperado, y cuando trajo unos análisis de sangre comprendí la situación. Problablemente tenía un tumor maligno en la sangre llamado «mieloma», porque la sangre estaba muy alterada y la descalcificación no la altera. Cuando la vi comprobé que tenía el tumor sospechoso. No quiso iniciar un tratamiento y falleció en pocas semanas.

No hay necesidad de mencionar la «hemofilia», que es una enfermedad de la sangre que produce brotes agudos de artritis, con deterioro progresivo de las articulaciones alteradas, como testimonio de que algunas enfermedades primitivas de la sangre producen alteraciones reumáticas y sólo cuando se tratan correctamente los trastornos sanguíneos, pueden mejorar y de hecho mejoran las manifestaciones reumáticas. Cuando esto se hace al revés se fracasa siempre, porque ni los antirreumáticos mejoran los dolores, ni mejora la sangre.

Las enfermedades reumáticas genuinas que producen inflamación presentan habitualmente algo de anemia, algunos cambios en los glóbulos blancos, pudiendo comprobarse que hay muchos o hay pocos y también en el plasma, como se comprueba con la tan conocida «velocidad de sedimentación», o bien mídiendo con métodos más finos las proteínas contenidas en el suero y la distinta proporción que presentan entre sí. Por ello tiene interés para el médico, lo mismo para diagnosticar que para comprobar si el enfermo mejora o empeora.

Pero hay también otras alteraciones muy importantes que tienen interés en el diagnóstico de alguno de estos procesos, cuando se sospecha que pueden ser debidos a una infección. Fundamentalmente son dos;

  • El «hemocultivo» es un análisis que consiste en mezclar la sangre con una sustancia que apetecen los microbios para que se reproduzcan y poder verlos mejor porque se multiplican.
  • Las «aglutinaciones», donde se mezclan la sangre del enfermo con los microbios objeto de la investigación para ver si se forma un enturbiamiento y un precipitado que lo afirma.

En la sangre se puede medir cómo responden las defensas del organismo en las distintas enfermedades reumáticas y así, comprobando la clase de defensas que se han producido, se puede averiguar cuál es la causa que las ha provocado y por tanto, cuál es la enfermedad que el enfermo padece. Muchos de estos resultados son válidos o no según el médico haya comprobado que el enfermo padece los síntomas propios de dicha enfermedad, porque también hay resultados positivos que son falsos.

Las sustancias químicas que la sangre contiene también están relacionadas con la enfermedad que padece el enfermo reumático y así la medida del calcio, fósforo, o ácido úrico, por no mencionar más que unas pocas, tiene mucha importancia para diagnosticar al enfermo. Hasta algunos fermentos como las fosfatasas, transaminasas, y algunas hormonas como la tiroides y las de otras glándulas de secreción interna, pueden aumentar o disminuir en distintos procesos y así ayudar al diagnóstico.

Son innumerables las alteraciones que se pueden comprobar en la sangre de los enfermos que padecen enfermedades reumáticas y su conocimiento mediante los análisis pertinentes es de la mayor utilidad para comprobar cuál es la enfermedad que el enfermo padece, porque sólo así hay posibilidades de ofrecerle un tratamiento resolutivo, Estos métodos se han desarrollado a lo largo de los años para el mejor conocimiento de las alteraciones que sufre el enfermo y para encontrar la mejor forma de tratamiento.

Veamos algunos ejemplos

Pedro era un niño de ocho años que había gozado siempre de buena salud. Un día tuvo un ataque de reumatismo con dolores articulares intensos en rodillas, muñecas, tobillos y codos, fiebre y gran debilidad. El tratamiento convencional de la fiebre reumática no dio resultado y el niño estaba con más fiebre, más dolores, más decaimiento y más palidez. En el examen se apreció una gran palidez, algunas moraduras en la piel, los ganglios un poco grandes y el bazo bastante desarrollado. Suponiendo una «leucemia» se le pidió un análisis de sangre que confirmó esta sospecha. Hace cuarenta años no se podía hacer mucho por estos enfermos y lo que se le hizo no pudo evitar su fallecimiento.

Eugenia era una joven de veinte años que en vísperas de su boda empezó a notar mal estado general, escalofríos, sudores y fiebre. Poco después aparecieron dolores «por todo el cuerpo», pero los notaba con más intensidad en la nalga. En el examen se comprobó fiebre de 38°, inflamación en varias articulaciones, los ganglios de la axila y de la ingle eran dolorosos y estaban aumentados de tamaño, el bazo se podía palpar muy bien y había algún punto doloroso a la presión en la columna vertebral, incluyendo la articulación sacroilíaca. Un examen de la sangre demostró que la enferma padecía «fiebres de Malta», que se resolvió con tratamiento en tres meses. Cuando se le dio el alta se casó.

Regina era una señora de treinta y seis años que estaba postrada en cama con unos dolores muy intensos que sufría en los músculos de brazos y piernas que duraban minutos y pasaban para volver con cualquier espacio de tiempo. Tenía también un poco de fiebre pero cuando no tenía dolores era feliz en la cama, estaba risueña y alegre. Mientras se estaba estudiando el caso, un día tuvo un ataque de convulsiones muy agudo que se pudo diagnosticar de tetania (poco calcio en la sangre), confirmado con un análisis. El caso se hizo complicado porque estos ataques se repitieron y poco más se pudo averiguar. Se la ingresó en una clínica y los exámenes que allí se le practicaron revelaron que no absorbía bien la comida, que la causa era una infección intestinal («tifus») y sólo entonces se pudo curar.




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