Ansiedad y trastornos por pánico

Es algo que puede ocurrir en cualquier momento. De repente, su corazón empieza a acelerarse y aparecen rubor en la cara y dificultad para respirar. Se siente mareado, con nauseas y fuera de control, e incluso podría llegar a sentir que está a punto de morir. Cada ano, miles de estadounidenses viven experiencias como ésta. Muchos sospechan un ataque cardiaco y se presentan en la sala de urgencias. Otros tratan de ignorar el problema, sin percatarse de que experimentan un ataque de pánico.

Los ataques de pánico son episodios repentinos de temor intenso que generan reacciones físicas en el organismo. De diez a 20 por ciento de los estadounidenses sufre una crisis similar en algún momento de su vida. Las crisis de pánico, antes consideradas como “nerviosismo” o estrés, hoy son reconocidas como una manifestación posiblemente incapacitante a la vez que manejable.

Activación del sistema de alarma

Los ataques de pánico por lo general comienzan en personas que son adultos jóvenes y pueden presentarse a lo largo de la vida. Es habitual que el episodio se inicie repentinamente, alcance intensidad máxima en 10 minutos y dure aproximadamente 30 minutos. Los síntomas pueden abarcar frecuencia cardiaca acelerada, sudoración, temblores y sensación de falta de aire. También es posible que existan escalofríos, bochornos, náusea, cólico abdominal, dolor torácico y mareos. Es frecuente la sensación de opresión en la garganta o la dificultad para masticar.

Cuando los ataques de pánico son frecuentes o el temor a sufrirlos afecta las actividades, se padece el llamado trastorno por pánico. Hay mayores probabilidades de ataques de pánico en mujeres que en hombres. Los investigadores aún ignoran el desarrollo y el origen de los ataques de pánico. Se ha considerado que la herencia es un factor, ya que las probabilidades de sufrir tales ataques se incrementan si se tiene un familiar cercano que los padezca.

Muchos investigadores suponen que este problema se relaciona con una reacción de lucha o escape. Por ejemplo, si un oso gris se acerca, el cuerpo reacciona instintivamente. El corazón y las respiraciones se aceleran a medida que su organismo se prepara para enfrentar una situación posiblemente mortal. Muchas de estas mismas reacciones suceden en un ataque de pánico. Aunque no exista un factor desencadenante evidente, se activa el sistema de alarma del cuerpo. Otros problemas de salud(como un ataque cardiaco inminente, hipertiroidismo o abstención de drogas) pueden causar síntomas parecidos a los del ataque de pánico. Se sugiere buscar atención médica si se padecen los síntomas por este tipo de afectación.

Opciones de tratamiento

Por fortuna, el tratamiento de los ataques de pánico y los trastornos por pánico son muy eficaces. La mayoría de las personas pueden reanudar sus actividades cotidianas. El tratamiento suele abarcar:

  • Educación: Entender las experiencias es el primer paso para aprender a controlarlas. El médico puede proporcionar información y enseñar algunas técnicas de enfrentamiento.
  • Medicamentos: Es posible que el médico prescriba un antidepresivo, que suele ser eficaz en la prevención de ataques futuros. En algunos casos, el tranquilizante se administra solo o con otros medicamentos. Su eficacia es variable. La duración del tratamiento depende de la gravedad del problema y la respuesta al tratamiento.
  • Terapia: Durante las sesiones con un psiquiatra o psicólogo, se enseñan habilidades de enfrentamiento y manejo de los factores desencadenantes de la ansiedad. Las mayoría de las personas necesitan tan sólo de 8 a 10 sesiones. Es habitual que no se requiera la psicoterapia a largo plazo.
  • Técnicas de relajación.



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