Automedicación y reumatismo

Son muchos los enfermos que toman medicación antirreumática por recomendación de otros enfermos, por anuncios en la prensa, por consejo del farmacéutico o incluso por prescripción de un médico con quien estuvo dos minutos.

La medicación antirreumática no debe ser administrada más que después de que el médico haya diagnosticado la enfermedad que produce el reuma y haya comprobado que no existen alteraciones asociadas o incompatibilidades evidentes para cualquier prescripción y para ello se necesita hacer una historia clínica y una exploración adecuada.

Incluso la administración correcta de los antirreumáticos indicados por el más experto especialista reumatólogo, requiere comprobar con revisiones periódicas que hay una buena respuesta terapéutica en cuanto a su eficacia y tolerancia y esto se consigue con revisiones clínicas y con algunas pruebas de laboratorio.

Está muy extendida la creencia de que para no «quedarse paralítico» hay que mover mucho las articulaciones. Algunos enfermos adquieren pelotas o esponjas, que estrujan con frecuencia, para mantener las articulaciones inflamadas de las manos en continua actividad. Otros andan durante horas cuando la inflamación se localiza en las rodillas o pies. Esta es la forma más segura y rápida de agravar los efectos de la inflamación articular.

En las horas dedicadas al descanso el enfermo adopta la postura más cómoda para las articulaciones enfermas y seacuesta con los dedos, muñecas y codos extendidos, mientras pone almohadas debajo de las rodillas, manteniéndolas dobladas para protejerse del dolor. Entonces las articulaciones tienden a permanecer en la misma postura que tienen durante el descanso y el enfermo tiene cada día más dificultades para cerrar las manos, utilizar los dedos, mover las muñecas o doblar los codos, siendo cada vez más difícil poderse vertir, asear, peinar, comer o beber y en general atender a sus necesidades personales diarias.

También nota que disminuyen sus facultades para poder andar, sentarse o levantarse, o bien que se cansa muy pronto cuando camina, porque las rodillas no es extienden por completo cuando está de pie y con las rodillas dobladas aparece pronto la fatiga y el dolor, al mismo tiempo que aumentan las dificultades.

Alimentación incorrecta

Las costumbres alimenticias son múltiples y diversas entre los enfermos reumáticos. Unos prescinden de la carne decerdo, otros de los huevos o leche, algunos sólo toman verduras, hay quien bebe aceite en abundancia y no falta quien se alimenta sólo de infusiones. Los hay, en cambio, que por entender que el «reumatismo» se debe a falta de calcio y debilidad en los huesos, deciden alimentarse mucho y engordan. La determinación de seguir cierto régimen alimenticio es consecuencia de un criterio absurdo respecto a las causas de la enfermedad.

Algunos enfermos todavía esperan que la cirugía elimine los focos infecciosos que produce la enfermedad y haga el milagro de curarles. Por ello insisten en ser operados de las amígdalas en la extracción de dientes, o en la extirpación del apéndice o vesícula, aunque el médico no les anime porque sabe que carecen de utilidad para curar el reuma. Estas operaciones quirúrgicas están justificadas en ciertas circunstancias, pero carecen de una acción curativa relacionada con el reumatismo

Los enfermos de reumatismo suelen acudir a la consulta del médico demasiado tarde. Muchos toman algún remedio para calmar el dolor cuando lo necesitan, incluso visitan periódicamente al pedicuro o acuden todos los años a algunos balnearios, siguiendo las recomendaciones de otros enfermos y así pasan meses y años antes de que se decidan a visitar a un médico. La mayoría de las veces esto tampoco resuelve nada cuando el médico confirma que padecen «reumatismo» y carece de tiempo o mimbres para averiguar cuál es la clase de reuma que sufre y cuál es la enfermedad que lo origina.

Han dejado pasar la mejor época para tratarse el reumatismo con las mayores oportunidades de lograr una curación o una remisión, que les permita vivir con normalidad. Porque ciertas enfermedades reumáticas tienen, como otras muchas, un primer período que puede durar días, semanas o meses en los que los dolores se producen sin que haya lesiones irreparables. Pero con el tiempo aparecen lesiones en las articulaciones, o en el corazón, en los ojos, o en cualquier parte, que son ya definitivas, irreparables e incurables. Se ha perdido la oportunidad.

Son muchos los errores que el enfermo de reuma puede cometer que repercuten gravemente sobre la enfermedad y comprometen seriamente el porvenir del enfermo. El optimismo inicial que experimentó tras la aplicación de cierto remedio recomendado por un profano, ha desaparecido. El enfermo empieza a notar que sus miembros se deforman, que sus facultades y movimientos se reducen, que pierde sus fuerzas y habilidades, que su espacio vital se va reduciendo hasta las cuatro paredes de la habitación; con ciertas formas de reumatismo la invalidez arrebata los movimientos más necesarios para las actividades más elementales.

El enfermo no puede comer, ni lavarse, ni vertirse solo. La misma muerte puede ser esperada como una liberación. En otros casos se han desarrollado también lesiones viscerales íntimamente relacionadas con el proceso reumático que afligen y abrevian la vida del enfermo. Los tratamientos inoportunos practicados con anterioridad aumentan las dificultades de todo proceso reparativo.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)






Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *