Cómo afrontrar las burlas de los otro niños

La famosa era de la voz de pito complica mucho la expresión verbal de los niños varones, sobre todo cuando tienen que exponer trabajos en sus colegios. Es importante que los profesores y profesoras pongan atención en este tema y que controlen el hecho de que los niños no se burlen del compañero que está exponiendo o que utilicen otras técnicas metodológicas en ese período para que el niño no tenga que evidenciar estas variables y matices de voces que generan risas, burlas y bullying, en algún momento.

También se asocia a este mismo concepto la etapa donde el bullying comienza. En general, como se produce una gran cantidad de cambios corporales, hay muchas cosas de las cuales nos podemos reír: del obeso, del que no le ha crecido el pelo, del que es extremadamente peludo, de la niñita que engordó mucho, de la que es espinilluda, de la que usa lentes, de la que está más pequeña que el resto, del que creció en extremo, del que tiene mucha espalda, del que no tiene nada y le dicen el flaco.

Por lo tanto, es importante aquí la conciencia familiar respecto de la diversidad; de entender en la familia que esto es un tránsito, que es un proceso de crecimiento. Le tengo que enseñar a mi hijo a empatizar con la realidad de los otros, y que él tiene que asumir su cambio. Aceptar si no tiene pelos o si tiene pelos en exceso; si es alto o bajo, y no entrar a discutir con los otros para defender una posición que es insostenible. O sea, si a mí me molestaban por mi apellido Sordo, yo no podía reclamar esa molestia, aunque cada vez que pasaran la lista dijeran: “Señorita, repítale el apellido porque ella no escucha”. Yo aprendí a reírme de eso, porque era verdad, mi apellido es divertido. Y si yo soy más alta que el resto y me dicen “palitroque”, “edificio” o lo que sea, me tendré que aprender a reír de mi altura. Es parte de mi proceso de autoconocimiento, y en esto los padres son importantes.

Que no digan frases como: “No les haga caso, mi amor, es pura envidia, porque a todos les gustaría ser igual de altos que tú” o “mi amor, no tome en cuenta que le digan que está gordita, porque están picados, porque usted tiene estupendas notas“. Si ella está con sobrepeso, yo me tengo que hacer cargo como mamá de ese sobrepeso y decirle:

“Efectivamente te deben estar molestando porque estás más gordita que el resto. Por lo tanto, yo como mamá te voy a ayudar a que bajes de peso no para complacer al resto, sino porque el sobrepeso a ti no te hace bien. Y si te molestan con eso, tú di: ‘Sí, estoy en proceso de bajar de peso, porque dados los cambios que estamos teniendo todos nosotros, tú por tu voz, tú por tu estatura, tú por tu obesidad, yo me tengo que preocupar del tema de mi sobrepeso”.

Todo eso disminuye la frecuencia de molestar entro del circuito y podemos entender que el otro está experimentando realidades distintas a las mías, pero que en definitiva todos estamos en el mismo proceso. Ningún niño está ajeno a los cambios. Los papás, por lo tanto, tenemos que desarrollar la empatía, la capacidad de compresión para que esos niños nunca se vuelvan agresores, porque en esta etapa, sobre todo cuando ya bordean los 11 años, ya podemos tener niños agresores en los cursos. A ellos les es más fácil agredir a otros porque así nadie se fija en sus propias inseguridades, sino que están pendientes de la conducta agresora que tuvieron. Estos niños tienden a ocultar bajo la agresión que ejercen problemas familiares que los descargan en el colegio o diversas inseguridades internas.




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