Cómo estimular la cretividad de sus hijos preadolescentes

Para empezar; los niños de entre 9 y 11 años no pueden o no debieran estar expuestos a una pantalla más de una hora al día, incluyendo cualquier tipo de pantalla. Entonces, si un niño se escapa de ese promedio, puedo empezar a interpretar que ese niño va a ser más desobediente, va a tender a pelear más con los hermanos, va a comer más, desarrollará problemas de sueño, estará más irritable y también se debilitará su contexto social. Por lo tanto, el tiempo que mi hijo pasa frente a una pantalla tiene que tratar de mantenerse dentro del promedio, y el resto de las horas de ocio ocuparlo en potenciar estos talentos que yo empiezo a percibir en él.

También es importante a esta edad no perder nunca el contacto con los abuelos y con los primos; reforzar también la buena relación con los hermanos, ya sea con los mayores, que funcionan como una especie de padres sustitutos, y que son bastantes exigentes porque los echan de las piezas y los tratan mal, o con los más pequeños, que los molestan, les rompen papeles y les pintan los cuadernos. Entonces, es un período intermedio muy complicado en la relación entre hermanos; aquí es fundamental la labor parental para poder establecer pautas de negociación entre hermanos, que de alguna manera eviten los términos agresivos entre ellos.

Hoy día es súper frecuente escuchar en esas edades frases como: “mátate”, “desaparece”, “te odio”, “sal de mi pieza”, “yo no quería que tú nacieras”, etc. Que es muy distinto al contexto rabioso que nosotros teníamos con nuestros hermanos cuando les decíamos: “A ti te recogió el viejo del saco”, aunque podía ser igual de traumatizante, pero al final uno tenía la lucidez de saber que eso no era verdad. Pero es distinto a decir “yo te odio”, frase que mi generación nunca usó.

Y ahí es donde los papás tienen que ser absolutamente intransigentes y desterrar esas palabras, en castigarlas y poder establecer vínculos de comunión entre los hermanos. Lo que propongo: sentarse a la mesa todos juntos es clave. Ver en un solo televisor los programas preferidos, ya que de esa forma están todos los hermanos reunidos; es decir, donde yo como hermano mayor vea lo que mi hermano chico ve y, por lo tanto, sea capaz de darme cuenta si eso que ve le hace bien o no para poderle contarle a mi mamá. Que mi hermano chico sea capaz de desarrollar la generosidad e incluso tener que retirarse de la TV porque es un programa que a su edad no puede ver y su hermano sí.

Lo otro importante es establecer entretenimientos en los cuales todos puedan participar: naipe, bachillerato, ludo… juegos antiguos, pero que de alguna manera hacían sentir que había una cohesión grupal entre los hermanos. Generar la posibilidad, por ejemplo, de que los hermanos preparen un plato de comida. Recuerdo que cuando mis hijos tenían esta edad, yo me quedaba voluntariamente en cama algunos días sábado. Por lo tanto, los niños tenían que preparar el almuerzo. Probablemente, comí tallarines recocidos muchas veces, pero había todo un tema en lograr que prepararan cosas juntos, donde por supuesto había peleas y mi hijo decía: “Ella no me deja que yo la ayude”, entonces mi hija respondía: “Es que no hace las cosas como yo le digo”. Eso generaba a la larga una comunicación, un conocimiento entre ellos.

Este período es importante para reforzar la relación entre hermanos. Si no se hace allí, va a ser muy difícil que se viva en la adolescencia una relación profunda y sólida entre hermanos; no importa que se produzcan peleas, porque siempre van a haber, pero sobre una base afectiva que la madre o el padre ha estimulado.

Y en ese sentido, no puedo dejar de recalcar en esta edad la necesidad de que los niños se aburran, de que ellos descubran por sí solos juegos, que inventen cosas; que no sean los papás los que tengan que sacarlos a pasear, los que les contraten a Barney para el cumpleaños o a alguien para que les pinte las caritas, o llevarlos al McDonald’s para que las tías les canten, porque eso empieza a generar en los niños la sensación de que ellos no pueden entretenerse por sí solos. Esta es la edad en que la televisión, los videojuegos e Internet también los entretienen, y ellos pierden la capacidad de divertirse. Entonces el tratar de que se aburran, de que no tenga contacto con la televisión, de que inventen juegos, sobre todo de roles, como la oficinista, la vendedora, el secretario, lo que sea, les resultan importantes en el desarrollo de sus habilidades sociales.

Aquí también empieza otro proceso en el que no puede haber libertades si no hay responsabilidades cumplidas. Los niños tienen derechos —qué duda cabe—, pero además tienen deberes con la obligación de cumplir para ir puliendo su temple y configurar un carácter sólido.

Por último, en esta edad me gustaría mencionar que su vida social sólo debe transcurrir en casas y en horarios de día. No corresponde que salgan de noche y menos que comiencen a experimentar cosas que no necesitan, como, dependiendo del caso, de un celular u otros “implementos”, porque si nos adelantamos mucho, se nos transforma en una escalada que nos será difícil contener.
La misión de esta edad es aceptar el proceso de cambio, aprender a relacion

rse con amigos y familiares en forma fluida y permanente y no disminuir el rendimiento académico.




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