Con tan sólo una comida fast food se ingiere más de la mitad de la energía diaria necesaria

Fast food no significa, necesariamente, comida basura, pero el consumo frecuente de este tipo de comida no es recomendable para la salud. Con sólo una comida rápida típica, basada en hamburguesas o salchichas entre panes industriales y acompañadas de patatas fritas con salsas diversas, como mayonesa, mostaza o ketchup, se ingiere más de la mitad de la energía diaria necesaria.

Casi siempre los alimentos están fritos, empanados o rebozados, por lo que se enriquecen en grasa, que calentada resulta aún más indigesta. Además, estos productos suelen tener más sal que los que se preparan en casa, en parte porque el sodio se utiliza como conservante, y suelen incluir condimentos fuertes o aditivos que potencian el sabor y estimulan el apetito.

Y finalmente, para conseguir el aspecto deseado en cuanto a color, olor, sabor y textura, llevan añadidos conservantes, colorantes, antiapelmazantes y estabilizantes varios.

Así pues, aunque pueden aportar proteínas de calidad, su elevada densidad energética se debe a un alto contenido en malos glúcidos de liberación rápida y en grasas saturadas y colesterol excesivos, debido a las salsas a base de huevo, mantequilla, nata, manteca y otros ingredientes que suelen emplearse en la elaboración de estos menús, y a los aceites de coco y palma que se usan en la fritura, y además se quedan cortos de fibra, vitaminas y minerales, y exceden en sodio.




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