Creencias populares sobre las enfermedades digestivas ¿cuánto hay de realidad en ellas?

La salud es algo de todos desde el mismo instante en el que nacemos. Toda nuestra vida la pasamos en un equilibrio entre la vida y la muerte. La enfermedad nos acerca a esta última con patologías graves o, en ciertas ocasiones, nos disminuye nuestra calidad de vida con aquellas que no nos ponen en peligro, pero que su padecimiento nos atormenta.

Por este y otros motivos, la salud es un tema de conversación habitual entre todos nosotros. Sin embargo, la Medicina es una ciencia tan compleja como otras y se debe conocer en profundidad para emitir juicios de diagnóstico o de recomendación. En muchas ocasiones, las ideas que se tienen a nivel popular no se corresponden con una realidad científica. En este capítulo comentaremos algunos conceptos que se emplean habitualmente. Vamos a ver cuanto tienen de real o irreal

“No meterse al agua despúes de comer”

El problema es que al meternos en el agua se produce una redistribución vascular. Si existe alguna afectación cardíaca esto puede causar un síncope, la pérdida de conocimiento posterior y por consiguiente puede producirse el ahogamiento. Esto suele suceder tras introducirse en el agua. Por este motivo, se espera un tiempo prudencial antes de bañarnos después de la comida. Es frecuente escuchar cómo los niños en verano preguntan insistentemente a sus madre «¿Cuánto tiempo ha pasado y cuándo me puedo bañar?».

 “Despúes de la leche , nada eches”

Esta expresión se utiliza desde tiempos inmemoriales. En realidad no existe ningún principio médico que indique que no se puede tomar nada mientras se digiere un producto lácteo. Puede estar en relación con la mala tolerancia de la digestión que en ciertas ocasiones presentan algunas personas frente a los lácteos, fundamentalmente, a la leche.

Si se consume simultáneamente con otros alimentos (lo que demuestra que se come de un modo un tanto desordenado y compulsivo) puede incrementar la sensación de malestar, con náuseas e incluso vómitos. Sin embargo, en personas que presentan digestiones normales y que no tienen intolerancia a los productos lácteos esto no sucede así. Sin embargo, no existe mejor consejo que el que nos damos nosotros mismos, ya que nadie nos conoce mejor. Si, por cualquier motivo, no toleramos bien cualquier alimento, no debemos insistir en tomarlo.

“No cenar justo antes de irnos a dormir”

Numerosas personas cuentan las noches «tan malas que han pasado» por cenar en exceso. Y lo cierto es que esto es así. Hay que considerar que, anatómicamente, la digestión es un proceso que no se ve favorecido por la posición de decúbito (estar tumbado). El bolo alimenticio debe llevar una progresión descendente (desde la boca al intestino) que hay que facilitar en una posición vertical.

Si el paciente presenta hernia de hiato o reflujo gastroesofágico, el decúbito produce que el bolo y la ácidos gástricos refluyan hacia atrás y empeoren los síntomas de dichas enfermedades o, incluso, puedan llegar a provocarlas. De un tratado de la Edad Media de la escuela de Medicina de Salerno podemos sacar la siguiente lección: «De grandes cenas están las sepulturas llenas».

“Comer pepas produce apendicitis”

Cuando los niños consumen pipas en exceso, se escucha a un mayor que protesta por la situación y comenta que se le va a producir una apendicitis. Todos los niños piensan que es el modo de recriminarles que estén comiendo fuera de las horas habituales de las comidas, las cuales se ven considerablemente mermadas en muchas ocasiones por un exceso de ingesta fuera de ellas. Sin embargo, es cierto que la apendicitis es un proceso que se produce por la inflamación y posterior necrosis del apéndice.

Los motivos que provocan este proceso no están claramente definidos, pero en numerosas ocasiones se ha comprobado, al extirpar el apéndice, que existe materia fecal que ha impedido el drenaje adecuado, obstruyendo el apéndice, inflamándolo e iniciando dicha afección.

Existen casos descritos en los que se han encontrado cáscaras de pipa en el interior del apéndice. La cáscara de la pipa es de pequeño tamaño y no se digiere, lo que hace que llegue al apéndice intacta. Por tanto, las cáscaras de la pipa son potenciales productores de apendicitis, aunque esto no parece ser muy frecuente. (Tampoco hay que dejar de comer pipas con moderación por esto.)

“El estrés, los nervios o el malestar sicológico producen úlcera gástrica”

Aquí sí que podemos afirmar con exactitud que no es así. La úlcera péptica (gástrica o duodenal) se produce por diferentes factores entre los que se encuentra la infección por Helicobacter pylori; sin embargo, no se ha demostrado que los nervios, el estrés o cualquier tipo de malestar psicológico produzca úlcera. Es cierto que, cuando nuestro estado emocional se ve alterado, sentimos en el estómago cierta molestia (expresiones como «se me ha cerrado el estómago» o «tengo los nervios agarrados al estómago» son de uso frecuente entre las personas).

Esto puede corresponderse con una somatización, pero en ningún caso se produce una lesión como una úlcera. Sí existe la úlcera de estrés, entendiendo por estrés el que sufre el cuerpo como en el caso de grandes quemaduras o tras una cirugía.




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2 Comentarios en Creencias populares sobre las enfermedades digestivas ¿cuánto hay de realidad en ellas?

  1. karina Dice:

    Me duele la boca del estomago. No me duele sólo cuando estoy acostada…tengo dos días con este malestar tengo fiebre y siento adormesidas mis piernas y brazos, ahora mi cara también siento eso.tengo frío y mi segundo día… he tenido nauceas y he vomitado. No se a que se deba y me preocupa tengo 21 años y hace poco me quetaron mi pendice.

  2. lucia Dice:

    Muy interesante Para la salud

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