Desarrollo de una mentalidad sana frente a la maternidad

El pensamiento es un factor importante a la hora de determinar lo que sientes. Y lo mismo puede convertirse en tu mejor amigo como en tu peor enemigo. Las investigaciones sugieren que lo que te dices a ti misma sobre tus experiencias no solo influye en lo que sientes, sino que también condiciona tu comportamiento. El diálogo interior que todos mantenemos constantemente con nuestra mente es algo perfectamente sano y normal.

Cuando permitimos que en nuestro diálogo interior se cuele un comentario negativo sobre nuestra vida, nos arriesgamos a perder la confianza y a sentirnos abatidas. Si el diálogo interior negativo se prolonga, puede fomentar la depresión y la baja autoestima, pero eso no significa que todas las depresiones estén provocadas por un diálogo interior negativo.

Toni

A los tres meses de edad, mi hijo Harvey se cayó del cambiador y se rompió un brazo. Cuando volvimos del médico, con su brazo escayolado hasta el hombro, mi diálogo interior empezó. Me decía a mí misma: “¡Estúpida, no tenías que haber hecho eso, eres un caso perdido, nunca serás una buena madre!”. Pensar así me hizo sentir que era un fracaso como madre.

La respuesta de la familia y de mis amigos cuando vieron el brazo de Harvey escayolado —”Debes de sentirte fatal” —solo sirvió para acabar de convencerme de que debía sentirme fatal.

De haberse dado cuenta de que estaba siendo negativa y de las consecuencias que eso podía acarrearle, Toni podría haber decidido libremente. Podía haber modificado su diálogo interior y decirse: “Ha sido un error. Me aseguraré de que no vuelva a pasar en el futuro”. Eso le hubiera permitido asumir su responsabilidad sin necesidad de sentirse peor de lo que ya se sentía.

Pensamiento racional

EI pensamiento racional, concepto desarrollado por el doctor Albert Ellis y ampliado en el libro A New Guide to Rational Living, sugiere que todos tenemos una serie de ideales a partir de los que juzgamos nuestro comportamiento. Por ejemplo: “Tendría que ser capaz de cuidar de mi hijo sin ayuda”, “Siempre tendría que rendir al máximo”, “El niño endría que estar siempre inmaculado”. Guiamos por una ticrie de “tendrías” irreales puede llevarnos a buscar lo imposible y hacer que nos sintamos como unas inútiles. Aquí tienes una lista de los “tendrías” menos realistas:

  • Tendría que ser un ejemplo perfecto de generosidad, consideración, dignidad, valor y desinterés.
  • Tendría que ser la madre, amiga, amante, maestra, alumna y esposa perfecta.
  • Tendría que ser capaz de sobrellevar las dificultades sin preocuparme.
  • Tendría que ser capaz de encontrar una solución rápida a todos los problemas.
  • Nunca tendría que sentirme dolida, sino estar siempre feliz y serena.
  • Tendría que saber, comprender y preverlo todo.
  • Tendría que ser siempre espontánea y al mismo tiempo ser capaz de controlar mis sentimientos.
  • Nunca tendría que sentir ciertas emociones, como la ira o los celos.
  • Tendría que amar a mis hijos por igual.
  • Nunca tendría que cometer errores.
  • Tendría que ser coherente respecto a mis emociones y saber controlarlas.
  • Tendría que ser totalmente autosuficiente.
  • Tendría que saber imponerme, pero sin herir nunca los sentimientos de los demás.
  • Nunca tendría que estar cansada o enfermar.
  • Siempre tendría que rendir al máximo de mi capacidad.

Seguramente tú tendrás tu propia lista, pero sería de gran utilidad que antepusieras a esta lista otra con expectativas más realistas. En vez de decir que tienes que ser autosuficiente, podrías decir: “La maternidad exige mucho tiempo y esfuerzo, y es razonable que acepte ayuda de otros”, o “Aceptar ayuda de otros me permitirá descansar un poco”, o “Aceptar ayuda de otros puede ser una buena forma de aprender más cosas como madre”.

Aquí tienes una lista de las ideas que pueden ser más útiles para una madre:

  • Haré lo que considere razonable, pero no más.
  • Determinaré cuáles son mis prioridades y renunciaré a las exigencias que no estén relacionadas con ellas.
  • Tengo mucho que aprender en esta etapa de mi vida. Seguramente cometeré algunos errores, pero no importa. Lo haré lo mejor que pueda.
  • Estoy abierta a posibles ofertas de ayuda.
  • Experimentaré todo un abanico de emociones, incluyendo alegría, felicidad, decepción, tristeza e ira.
  • A veces es posible que quiera concentrarme en mis necesidades.
  • No puedo ser siempre lo que los otros necesitan que sea, ni quiero serlo.
  • No me preocuparé excesivamente por el desarrollo de mi hijo ni lo compararé con el de los otros niños.

Errores comunes

Hay una serie de errores comunes, que condicionan nuestra manera de pensar y nuestro diálogo interior, que pueden hacer que nos sintamos mal o perdamos la confianza en nosotras mismas. Estos errores fueron identificados por el doctor Aaron Beck, de la Universidad de Pennsylvania, y han sido utilizados ampliamente para ayudar a la gente a controlar su diálogo interior.

Generalizaciones

Con esta palabra nos referimos a la costumbre de extraer conclusiones en base a un único incidente. Te dices a ti misma que, si algo era cierto en un caso, lo aplicarás a cualquier caso que se parezca remotamente. Volviendo al caso anterior, Toni podría decirse: “Siempre permito que se haga daño”, cuando en realidad solo le ha ocurrido en una ocasión.

Blanco o negro

Pensar que las cosas son o blancas o negras significa que solo consideramos los extremos, sin dejar espacio para los diferentes matices que hay en medio. Un ejemplo podría ser que tú te vieras como una mala madre y vieras a otra mujer como una buena madre, cuando, de hecho, las dos tenéis cualidades y defectos.

¿Quién necesita pruebas?

En este caso, lo que hacemos es sacar conclusiones sin ninguna prueba real que las certifique o incluso ante pruebas contradictorias. Por ejemplo, si dices: “No le gusto a nadie”, pregúntate: “¿En qué me baso para hacer esta afirmación?”.

Verlo todo negro

Esto significa centrarse solo en lo que ha salido mal, exage rando su importancia; concentrarse en los errores, fracas y problemas, cosa que puede agravarse si minimizas los bue nos momentos y los logros. Un ejemplo sería pensar: «Este es un desastre, no tengo arreglo» cuando quemas la cena.

Imaginar lo peor consiste en dar siempre por sentado que vamos a obtener el peor resultado posible, algo tan exageracíon que es improbable o imposible. Un ejemplo sería prepararte para salir de vacaciones e imaginar que tu hijo se va a poner muy enfermo cuando estés en algún lugar remoto donde no puedas encontrar asistencia médica.

Tomarse las cosas como algo personal

Esto significa que te culpas por todo, tanto si eres responsable como sino. Muchas personas también caen en la trampa de pensar que todos se dan cuenta de sus errores, que son el centro de una atención desaprobadora. Una mujer podría pensar que todos están al tanto de sus carencias como madre y que por eso la critican. Pero en realidad las que tienen tiempo para fijarse, sobre todo si ya han sido madres, se sentirán identificadas contigo y aprobarán tus esfuerzos.

Desarrollar una mentalidad más sana

Escucha tu diálogo interior y familiarízate con él. ¿Es positivo o negativo? Enfréntate a tu parte negativa. Anotar lo que piensas podría ser de utilidad, o incluso pedir a la gente que te rodea que te lo recuerde cuando te estés enzarzando en un diálogo interior negativo.

  • Aprende a detectar tus “ideas equivocadas” y a minimizarlas.
  • Evita las comparaciones negativas entre tú y otras madres. Recuerda que cada mujer tiene su manera particular de hacer de madre, y que cada niño es un mundo. Hay madres que caen en la tentación de atribuirse el mérito por lo bien que duerme su hijo, por su rápido desarrollo u otros logros, cuando, de hecho, son cosas que determina la genética y otras variables que escapan a tu control.
  • Recuerda que no existen las madres perfectas.
  • Concéntrate en los momentos de felicidad. Recuérdalos y amplifícalos.
  • Piensa en las cosas que te hacen disfrutar. Concédete unos momentos para saborear esas sensaciones agradables. Por ejemplo, contempla un árbol que te guste particularmente y permítete sentirte bien. Tómate tiempo para oler las rosas.
  • Ponte objetivos a corto, medio y largo plazo. Establece cuáles son tus prioridades y tenlas siempre presentes a la hora de tomar decisiones.
  • Reconoce lo que estás haciendo bien como madre y felicítate regularmente.

Para mantener un pensamiento sano, tal vez tengas que superar una serie de obstáculos, como una renta baja, falta de flexibilidad o de tiempo. Las estrategias para resolver problemas y el pensamiento lateral te serán de gran ayuda.

El estrés puede estar provocado por factores externos de nuestro entorno, como el ruido o las exigencias de otros, y por factores psicológicos, como los accidentes, la enfermedad, una dieta inadecuada o los problemas de sueño. Asimismo la forma en que interpretamos y respondemos a una experiencia puede provocar estrés. Nuestra respuesta al estrés implica ciertos cambios fisiológicos: el cuerpo se acelera, las pupilas se dilatan, el oído se agudiza, los músculos entran en tensión y los ritmos cardíaco y respiratorio se aceleran. Si nuestro cuerpo está permanentemente en tensión, entramos en un estado de estrés crónico, lo que lleva a la desagradable sensación de estar al límite y hace que nos sintamos agitadas. En algunos casos llegas a sentir que no puedes más. Se ha demostrado que el estrés crónico es responsable de elevados niveles de presión sanguínea, dolores de cabeza y úlceras, y que favorece muchos otros trastornos.

No es muy realista pensar que podemos escapar a los diferentes elementos que provocan estrés en nuestras vidas, o que podemos no responder a ellos. No obstante, lo que sí podemos hacer es aprender a controlar nuestras reacciones. Es importante que tomemos esta decisión de modo consciente. Hay personas a las que les gusta la sensación de estar sometidas a estrés, de vivir aceleradas, y, por tanto, es un estado que ellas eligen. Pero si decides no estar sobreestresada, intenta seguir algunos de estos consejos:

  • Levántate pronto para no tener que hacerlo todo corriendo.
  • Respira hondo y relájate cada vez que mires el reloj.
  • Come, habla, conduce y muévete con tranquilidad.
  • Simplifica tu vida eliminando las cosas innecesarias.
  • Evita comportamientos que no solo no te harán ahorrar tiempo, sino que hacen aumentar tu estrés, como cambiar frenéticamente de carril o saltarte semáforos.
  • Aprovecha tus momentos de respiro para pasear, relajarte o disfrutar.
  • Compra un paquete de etiquetas adhesivas. Escribe una «R» en cada una y pégalas en los espejos, en el volante del coche o en la puerta de la nevera para recordarte que debes relajarte durante el día.
  • Date tiempo para hacer las cosas que te gustan. Hazlas solo por placer, sin necesidad de competir o demostrar que eres la mejor.
  • Intenta no preocuparte por el pasado o por el futuro: solo puedes disfrutar del presente.
  • Intenta ver el lado divertido de las cosas.
  • Controlar el estrés te ayudará a disfrutar de tu vida cotidiana y de tu relación con los demás.



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