Dosificar el aporte de grasas para mantener las funciones vitales sin llenar los depósitos de reserva

Los lípidos o grasas son la forma como se almacena la energía en el organismo, nuestro depósito de reserva. Además, estos nutrientes sirven de vehículo para el transporte de las vitaminas liposolubles, participan en la formación de determinados tejidos, aíslan el cuerpo e impiden pérdidas excesivas de calor, envuelven los órganos vitales, como el corazón y los riñones, resultan indispensables para la formación de determinadas hormonas y suministran ácidos grasos esenciales que el organismo no puede sintetizar por sí mismo.

Está claro que el organismo no puede prescindir de ellos. Sin embargo, es necesaria una alimentación equilibrada para dosificar juiciosamente el aporte de lípidos, de modo que no se almacenen en exceso y el organismo se vea obligado a recurrir a sus reservas.

La aportación diaria de lípidos debe ser inferior al 35% del total de la aportación calórica. Esto supone una ingesta mínima —y máxima al mismo tiempo, si estamos en proceso de adelgazamiento— de unos 10 g de mantequilla o 30 g de nata al día, así como 30 g de ácidos grasos insaturados.

Las grasas aportan 9 calorías por cada gramo, más del doble que las proteínas y los glúcidos, que aportan 4 calorías, y se encuentran principalmente en los aceites, mantequillas, embutidos y carnes rojas.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)






Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *