El alcohol y la hipertensión

Una serie de estudios han indicado que los grandes bebedores presentan un riesgo significativo de desarrollar una hipertensión. Un estudio internacional que incluyó a más de 10.000 individuos de sexo masculino y femenino procedentes de 52 centros examinó la asociación entre el consumo de alcohol y la presión arterial, además del índice de masa corporal y diversos parámetros bioquímicos. Se comprobó que, como promedio, en los individuos que consumían más de 3-4 unidades diarias de alcohol los valores de la presión arterial sistólica eran 3,5 mm Hg superiores a los de los individuos no bebedores. Tal como se ha mencionado en congresos dedicados a la hipertensión, una disminución de 5 mm Hg de la presión arterial en la población en conjunto se asociaría con una disminución del 10-12% de la tasa de mortalidad por enfermedades cardíacas y de los vasos sanguíneos.

El alcohol y su cuerpo

Además de provocar hipertensión, el alcoholismo y el consumo inmoderado de alcohol provocan otros problemas cardiovasculares. Dichos problemas incluyen palpitaciones, alteración del ritmo cardíaco (arritmias), muerte súbita, y una lesión crónica del músculo del corazón (el miocardio) que conduce a un aumento del grado de insuficiencia cardíaca.

El alcoholismo también afecta a otros sistemas corporales. Produce una infiltración grasa del hígado, hepatitis, cirrosis y una insuficiencia hepática final, así como la formación de tumores hepáticos (hepatoma). El alcohol afecta al estómago y el sistema intestinal provocando irritación de la mucosa gástrica (gastritis), diarrea, afección del páncreas, deficiente absorción de los alimentos y sobrepeso; asimismo, aumenta el riesgo de cáncer de esófago. En los grandes bebedores también se describe un mayor riesgo de enfermedades pulmonares, especialmente la neumonía química debida a la inhalación del vómito cuando se encuentran en estado de embriaguez y han perdido la conciencia (coma etílico). El alcoholismo en la mujer conduce a problemas sexuales, menstruación irregular y disminución de tamaño de las mamas y de los genitales externos; en el varón puede provocar pérdida del apetito sexual, disminución de la potencia sexual, disminución o ausencia de espermatozoides en el semen y esterilidad, y atrofia del pene y de los testículos.

El alcohol y su Cerebro

El alcoholismo puede provocar una lesión cerebral persistente. Diversas regiones del cerebro pueden degenerar, lo cual conduce a una demencia, y aumenta el riesgo de enfermedades de los vasos sanguíneos cerebrales, tales como episodios hemorrágicos (hemorragia subaracnoidea), apoplejías, sobre todo en personas jóvenes, y formación de coágulos sanguíneos en el cerebro después de un traumatismo craneal.

Otros efectos sobre el sistema nervioso incluyen debilidad, parálisis y hormigueos y parestesias de manos y pies. Los síntomas de abstinencia incluyen convulsiones, alucinaciones y temblor de las manos.

En los alcohólicos son muy frecuentes las enfermedades psiquiátricas. En estos pacientes se observan neurosis de ansiedad, depresión grave, pérdida de la memoria (amnesia) y alteraciones del sueño. La depresión, las tendencias suicidas, la ansiedad y el insomnio originan problemas laborales y en el hogar. Las peleas, la violencia física y verbal, el absentismo, la incompetencia, la pérdida de interés por las actividades cotidianas y por las relaciones, y el divorcio, son acontecimientos comunes a todos los alcohólicos.

¿Qué constituye un abuso o dependencia del alcohol?

Una unidad de alcohol se define en unidades estándar, donde una unidad es el equivalente a 250 ml de cerveza, un vaso de 120 ml de vino, un vaso de jerez o 45 ml de whisky, ginebra u otras bebidas alcohólicas. Los bebedores sociales suelen definirse como las personas que no beben más de dos o tres unidades de alcohol, que no se embriagan y que no es probable que se perjudiquen a sí mismos o a su familia. Los bebedores moderados consumen regularmente más de cinco unidades de alcohol al día, aunque aparentemente sin efectos nocivos inmediatos. La cantidad de alcohol necesaria para producir efectos adversos difiere notablemente de una persona a otra, por lo que los bebedores problemáticos se definen como aquellos que experimentan problemas físicos, psicológicos, sociales, familiares, laborales, económicos o legales atribuibles directamente a la bebida, con independencia de la cantidad.

Los individuos dependientes del alcohol consumen aproximadamente la misma cantidad de alcohol cada día. Beber es el factor más importante en su vida y muchos dejan de beber sólo para reanudarlo después de un período de abstinencia. Tienen tendencia a presentar una mayor tolerancia al alcohol en los primeros estadios de la dependencia, y más tarde, una disminución de la tolerancia. Cuando se ven privados del alcohol experimentan síntomas de abstinencia que alivian bebiendo más.

Los signos de dependencia que es necesario buscar incluyen una preocupación cada vez mayor por el alcohol, combinada con una defensa de su consumo, beber por las mañanas y la sensación de la necesidad absoluta de tomar un trago. Los cambios de carácter incluyen una creciente agresividad, la negación y la ira si se aborda el tema y un absentismo laboral cada vez mayor.

Los jóvenes hoy en día presentan un riesgo especialmente elevado. A pesar de que la publicidad por televisión está prohibida, los adolescentes tienen numerosas ocasiones para empezar a beber. Muchos de ellos se inician en el hábito cuando empiezan a frecuentar discotecas y otras salas de fiesta, o bien cuando sus mejores amigos empiezan a beber, hacen lo mismo por la presión o influencia que ejercen sus compañeros.

Los ancianos no son ni mucho menos inmunes al problema del alcohol. En Europa los últimos datos indican que un 25% de las personas de más de 60 años de edad son grandes bebedores con un riesgo de lesión hepática.

¿Quién presenta un riesgo?

Todos corremos el riesgo de convertirnos en dependientes del alcohol, y la mejor práctica es evitar el alcohol cuando estamos deprimidos, ansiosos, estresados o cansados. Por mucho que la tensión y fatiga puedan aumentar su deseo de “tomarse una copa de vez en cuando”, su cuerpo y su cerebro pueden acostumbrarse a los efectos relajantes de una copa de jerez o de vino mucho antes de lo que pueda darse cuenta.

En Europa yen Estados Unidos el alcoholismo constituye uno de los principales problemas de salud mental en la comunidad y es también una importante carga para el sistema sanitario de los diferentes países.

Cómo dejar de beber

Las personas que abusan o dependen del alcohol son enfermos y, como tales, requieren una ayuda urgente, pero los problemas que pueden causar a otros familiares son inconmensurables. Existen numerosas organizaciones que ayudan a los familiares de enfermos dependientes del alcohol, y en cualquier centro de atención primaria pueden proporcionar información sobre ellas.

En algunos hospitales existen unidades específicas para el tratamiento del alcoholismo y una serie de clínicas privadas ofrecen tratamiento médico y terapias de ayuda. Su médico general puede proporcionarle información sobre los diferentes centros. La organización más conocida, Alcohólicos Anónimos, existe en todos los países del mundo.




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