El alcohol y la sexualidad en los adolescentes entre los trece y quince años

Sabemos que el alcohol sirve como desinhibidor sexual y, por lo tanto, tiende a generar los primeros comportamientos sexuales, que en general desembocan además en embarazos adolescentes evidentemente no deseados y muchas veces ni siquiera conscientes. Yo no diría que un embarazo arruina la vida de una adolescente, pero, sin duda alguna, posterga muchos de los sueños que estos adolescentes puedan querer construir para su vida adulta y, al mismo tiempo, también les hace vivir una dimensión de la adultez a una edad en la que no estaban preparados para el sexo y menos para el tema de la paternidad.

Y aquí quiero resaltar la ausencia del protagonismo masculino, porque muchos adolescentes abandonan y dejan de lado a esa mujer que va sola a conseguirse la “pastilla del día después”; el hombre prácticamente no existe en este proceso. En vez de preocuparnos de esa pastilla, nuestra atención debiera centrarse en descubrir qué pasa en esta adolescente que la lleva a embarazarse, que puede ser, como decía en el capítulo anterior, por temor al enojo del adolescente varón y, por lo tanto, a la pérdida afectiva que esto puede llegar a involucrar.

Todos los frenos que los padres puedan colocar en la iniciación sexual de sus hijos son necesarios. Los mismos frenos que nos ponían nuestros padres. Por ejemplo, no dejar que la pareja ingrese a la pieza de mi hijo(a); por lo tanto, no debo permitir tampoco que los amigos(as) de mi hija entren en forma permanente y estable en las habitaciones. En las habitaciones se duerme y se recibe a gente cuando uno está enfermo, pero no se hacen actividades sociales; para eso existen los livings, y algunas casas tienen el privilegio de tener salitas que permiten que los adolescentes se reúnan en esos espacios.

Embarazos adolescentes

Cuando una hija adolescente queda embarazada, los padres en este proceso tienen todo el derecho a enojarse, a shockearse, a enrabiarse, pero también tienen la obligación posterior a este acto de apoyar, de contener y, sobre todo, de hacer responsables a estos jóvenes del proceso que viven. Ellos tienen que informarles a sus hermanos del embarazo; contarles a los abuelos, tíos, primos, etc., y no son los padres los encargados de hacerlo. Son ellos también los que deben hablar el tema en el colegio; después irán los padres a ver lo estrictamente académico, pero son ellos los que tienen que asumir las consecuencias de este acto en forma adulta. Si se quieren vivir cosas de adultos, también se tienen que afrontar las consecuencias que esta adultez pueda tener.

A esta edad también se empieza a consolidar la formación valórica, el desarrollo de las virtudes, el hablarles a los hijos en positivo, el desarrollar los valores espirituales que a la larga le van a permitir a este adolescente vivir una post adolescencia, entre los dieciséis y los dieciocho años, bastante más sólida. También es importante el esquema de la familia que se tenga; si hay una mamá sola educando a sus hijos, va a tener que lidiar con factores femeninos y masculinos dentro de ella misma para poder contener emocionalmente, ser cálida, cariñosa y tierna, y al mismo tiempo tener la capacidad de ser firme en las reglas y poner límites. Esto también es válido para un hombre que eduque solo a adolescentes dentro de este rango.

La gran misión de los trece a los quince años es poder establecer vínculos de amistades y consolidar el tema del rendimiento. Es poder tener el primer esfuerzo dentro de Primero Medio de la enseñanza, donde todos dicen “ahora sí, ahora me voy a poner a estudiar porque las notas sí importan y sí valen”, y claramente eso al final nunca termina por ser una obligación, porque la flojera o la lata es la que a la larga desvirtúa el privilegio de la obligación en estos años.

Y es en esta etapa donde se cimientan las bases de una buena o quizás mala adultez. Eso va a depender de las características de la familia, de cómo el colegio acoja también todo este período de edad, y también de cómo todos vayamos apoyando o no a estos adolescentes. Es necesario poder tener entre adultos unas redes solidarias que nos permitan ayudarnos entre todos como padres para detectar cuándo nuestros adolescentes tienen problemas. Es muy llamativo encontrar que en Chile ningún padre asume que tiene un hijo problema, y, por lo tanto, nos cuesta mucho asumir que estamos pasando por un período problemático con nuestros hijos. Si fuéramos más solidarios entre los padres, si no nos enojáramos cuando algunos amigos nos dicen que vieron a nuestros hijos(as) en comportamientos inadecuados, y empezáramos a trabajar en forma solidaria, muchos de los problemas que nuestros hijos tienen con el alcohol, con las drogas o con el comportamiento sexual no existirían evidentemente. Así que aquí ya hay mucha tarea que realizar entre los trece y los quince años.




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