En que fallan los tratamientos ortodoxos contra la hipertensión

Es muy importante que usted sepa si es hipertenso. Algunos médicos consideran que no es necesario tratar con fármacos una hipertensión ligera y se limitan a controlar la evolución de los valores de la presión arterial del paciente, tomándole la presión a intervalos regulares.

Habitualmente le dan consejos sobre diversos cambios referentes al estilo de vida, tales como eliminar el exceso de peso o dejar de fumar. Unos valores elevados de la presión arterial constituyen una enfermedad grave que conduce a afecciones que representan una amenaza para la vida.

Desde que, en la década de los 50, se dispuso por primera vez de fármacos antihipertensivos, éstos han sido la base del tratamiento médico y han alargado la vida y mejorado la calidad de ésta en millones de personas. Sin embargo, al igual que otros muchos fármacos, pueden producir efectos adversos que en algunos pacientes llegan a ser graves. En todos los casos, la reducción de los valores de la presión arterial hasta niveles normales o casi normales está limitada en parte por la probabilidad de provocar efectos adversos. Una de las razones de que se hayan sintetizado 11 clases principales de fármacos antihipertensivos ha sido ampliar todo lo posible la elección de un tratamiento aceptable.

Si es usted hipertenso, es muy probable que visite a su médico general más o menos todos los meses, que éste le tome la presión y le proporcione otra receta de un medicamento: un diurético o un bloqueador beta, solo o combinado con diuréticos, o cualquiera de los otros fármacos disponibles en la actualidad. Su médico puede aconsejarle que pierda peso, que modifique su dieta, que deje de fumar, o que trate de relajarse y llevar una vida menos estresante. No obstante, los hábitos cuya modificación precisa sacrificios y mucha fuerza de voluntad a menudo persisten, en especial si el paciente no está convencido de que modificarlos merece la pena.

La imagen clásica de los médicos que extienden recetas como autómatas se está superando. La medicina ortodoxa y la medicina alternativa no están tan alejadas como parece y, a medida que ambas se han acercado después de un período de disputas para marcar el territorio respectivo, cada una se ha beneficiado de los principios de la otra.

Los terapeutas alternativos, es decir, los médicos herboristas, los acupuntores, osteópatas y aromaterapeutas han aceptado la necesidad de brindar, si no una explicación estrictamente científica de sus tratamientos, como mínimo pruebas aceptables de que funcionan. Por otra parte, los médicos ortodoxos están empezando a aceptar el principio esencial de la teoría holística sobre la persona como un todo y reconocen las necesidades mentales y espirituales al igual que las corporales. Gracias a la influencia de la medicina complementaria, en estos momentos se considera poco adecuada la visión del paciente como una serie de síntomas que Indican una patología concreta.

Una consecuencia de todo esto es que los médicos ortodoxos aceptan cada vez más los remedios naturales eficaces como complemento o alternativa de un tratamiento con fármacos. Durante los últimos cinco años, entre los especialistas cardiovasculares (del corazón y la circulación sanguínea) y los científicos que se dedican a investigar se ha producido un extraordinario interés por la utilización de los métodos naturales para controlar la presión arterial como alternativas o adyuvantes del tratamiento farmacológico estándar. Durante cierto tiempo se ha discutido si los pacientes con valores de presión arterial ligeramente elevados y no sintomáticos precisan en realidad un tratamiento. Y de forma creciente se alienta a los pacientes que requieren un tratamiento a poner en práctica los métodos terapéuticos de autoayuda.

En este contexto, también es preciso recordar la incidencia del costo de prescribir fármacos muy caros durante períodos prolongados y el tiempo necesario para visitar a los pacientes en las clínicas, ambulatorios y hospitales.

Es importante recordar que la mayoría de los problemas relacionados con los fármacos remiten y desaparecen con el tiempo y que numerosas personas los toman durante años sin observar efectos adversos de ningún tipo. Si considera que el fármaco que toma no le sienta bien, consulte a su médico. Es muy poco sensato que una persona interrumpa el tratamiento por su cuenta, especialmente en el caso de los pacientes con hipertensión. A menudo, sólo es cuestión de sustituir el fármaco por otro más adecuado, si es necesario.

Puesto que habitualmente los pacientes hipertensos han de seguir el tratamiento durante un tiempo considerable, en ocasiones permanentemente, sus efectos adversos han originado numerosos estudios de investigación y la aparición consiguiente de preparados más seguros y eficaces. También han conducido a un mayor interés por los métodos de las terapias naturales entre los expertos sanitarios de las disciplinas tanto ortodoxa como complementaria.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)






Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *