Hábito tabáquico y consumo de alcohol en hipertensos

Numerosos aspirantes a no fumadores creen que ha de existir un secreto que, si consiguieran descubrirlo, les permitiría abandonar el hábito tabáquico con éxito. Es absolutamente cierto, y dicho secreto es tan simple que muchas personas hacen caso omiso de él. No es ni más ni menos que desear de verdad abandonarlo, aunque el esfuerzo requiere una gran fuerza de voluntad.

La mayor parte de los fumadores dejan de fumar en algún momento de sus vidas y algunos lo intentan muchas veces más. Pero a menudo los síntomas de abstinencia de la nicotina y la pérdida de un hábito familiar y establecido desde hace mucho tiempo los hace volver a las andadas. Los fumadores que abandonan el hábito de manera permanente consiguen su objetivo precisamente por su determinación de lograrlo a toda costa. Si lo ha intentado y ha fracasado, afrontar los hechos sobre el tabaquismo, la hipertensión y la muerte prematura debería ayudarlo a generar la necesaria fuerza de voluntad para ponerse manos a la obra.

Los cigarrillos y su cuerpo

Todos los paquetes de cigarrillos llevan una advertencia en un lugar visible que indica al fumador que su contenido puede causar cáncer de pulmón, bronquitis y otras enfermedades torácicas y que fumar perjudica seriamente la salud. Si los paquetes de galletas o dulces llevaran un mensaje similar y se pusieran a la venta en las tiendas, se produciría una protesta generalizada. Así las cosas, las ventas de cigarrillos, tabaco y cigarros continúan, a pesar de su caída durante los últimos cinco años.

Todo el mundo sabe que los cigarrillos pueden provocar cáncer de pulmón, pero pocas personas son conscientes de su estrecha relación con las enfermedades cardíacas, los infartos de miocardio y la hipertensión. Una lista de los factores de riesgo elevado que predisponen a la gente a las enfermedades cardiovasculares, basada en datos extraídos de los estudios de investigación, confirma que el hábito tabáquico es el más importante de ellos. Cientos de estudios clínicos y estudios etiológicos (de las causas) han confirmado que no existe ninguna duda sobre la potencia predictiva de estos factores. Las estimaciones basadas en estudios de investigación y en datos estadísticos del Reino Unido nos demuestran que dos de cada tres muertes por infarto de miocardio y enfermedades coronarias han ocurrido en individuos expuestos al hábito tabáquico.

En un libro de texto de medicina interna, en el apartado dedicado a la extensión y epidemiología de las enfermedades cardiovasculares, un especialista en enfermedades cardiovasculares, el doctor Levy, menciona lo siguiente:

  • Se ha demostrado claramente que el hábito tabáquico es un potente factor de riesgo independiente de las enfermedades coronarias, cerebrales y vasculares periféricas. La incidencia y frecuencia de la muerte cardíaca súbita, el infarto de miocardio, la angina de pecho, la claudicación y la apoplejía pueden relacionarse con el número de cigarrillos que un individuo fuma. Cuanto más prolongada es la historia del hábito tabáquico y mayor el número de cigarrillos fumados, mayor es el riesgo.

El doctor Levy continúa diciendo:

  • Como factores causales son responsables tanto la nicotina como el monóxido de carbono inhalado con el humo de los cigarrillos, pero la comprensión definitiva de la causa y el efecto no se ha dilucidado todavía. Además, en contraste con la relación acumulativa del hábito tabáquico con el cáncer de pulmón, una serie de estudios prospectivos y retrospectivos indican hoy día que, si una persona deja de fumar, al cabo de ocho meses desaparece más del 90% del aumento del riesgo cardiovascular.

Este hecho alentador debería hacer que el esfuerzo de abandonar el hábito mereciera la pena.

Uno de los medios por los cuales el hábito tabáquico aumenta la presión arterial es a través de la aceleración de la aparición de la enfermedad arterial aterosclerótica. El aumento del riesgo de esto se demuestra claramente con la mayor incidencia de infartos de miocardio, apoplejías y claudicación intermitente identificada en los fumadores; para las mujeres el riesgo principal es la enfermedad vascular periférica. A los 45 años, en los hombres fumadores se identifica un aumento del 70% del riesgo de contraer enfermedades de gravedad y fallecer.

Hasta la menopausia, las mujeres están en cierto modo protegidas frente a las enfermedades del corazón y de la trombosis coronaria por sus hormonas sexuales, los estrógenos. A medida que sus niveles de estrógenos empiezan a disminuir (disminución que se inicia antes de que aparezcan los síntomas de la menopausia), pierden su protección; y durante los últimos 15 años se ha observado un aumentó del 10% de los infartos de miocardio en las mujeres, comparado con un 3 % en los hombres.

De manera significativa, a pesar de que fuman un menor número de mujeres, el porcentaje de fumadoras entre las adolescentes ha aumentado y las mujeres fumadoras consumen un mayor número de cigarrillos que antes. El hábito tabáquico, además de favorecer la obstrucción de las arterias, el depósito de placas fibrosas y la hipertensión, adelanta la edad de la menopausia, con lo que adelanta la pérdida del efecto protector de los estrógenos.

Un efecto adicional del tabaquismo es el aumento de la actividad de los radicales libres en los tejidos corporales. Los radicales libres son fragmentos de átomos y moléculas con carga eléctrica que se producen durante los procesos bioquímicos celulares normales; pero, cuando se producen en exceso, son capaces de causar graves lesiones de los tejidos. El estrés, la contaminación atmosférica y otras sustancias tóxicas también aumentan la producción de radicales libres. Entre sus efectos adversos, estos fragmentos moleculares aumentan el riesgo de las enfermedades degenerativas tales como la artritis y el cáncer, aceleran el proceso de envejecimiento y afectan la potencia de nuestro sistema inmunológico de defensas.

Irónicamente, la vitamina C, que lucha potentemente contra la actividad de los radicales libres, es precisamente la vitamina que el tabaquismo destruye. En realidad, por cada cigarrillo que consume pierde unos 25 mg de vitamina C.

Además del alquitrán, el humo de los cigarrillos contiene más de 2.000 sustancias químicas, muchas de las cuales penetran en el torrente circulatorio a través de la superficie respiratoria de los pulmones y producen un efecto directo sobre los órganos corporales vitales, incluyendo el cerebro, corazón y vasos sanguíneos.

Nicotina

Los fumadores afirman que los cigarrillos los tranquilizan y les calman los nervios. Algunos estudios ponen de manifiesto que la nicotina posee un efecto relajante sobre los músculos corporales y de las extremidades, pero sus efectos sobre el sistema nervioso central son excitantes. La nicotina aumenta la actividad de algunas enzimas en el hígado, donde se metaboliza en su mayor parte, y de esta forma aumenta su propia tasa de degradación. Esto explica en parte la aparición de una tolerancia a sus efectos que origina como consecuencia la necesidad de un mayor número de cigarrillos diariamente.

La nicotina también potencia las glándulas suprarrenales, lo que aumenta la producción de la hormona del estrés, la adrenalina. La adrenalina incrementa la actividad nerviosa simpática y, con ello, la contracción de los vasos sanguíneos periféricos, lo que conduce a una disminución de la temperatura corporal y a un aumento de la presión arterial.

Monóxido de Carbono

El monóxido de carbono, presente en algunos gases comerciales y producidos por la combustión de la gasolina, es una sustancia potencialmente letal. La muerte como consecuencia de respirar los gases del tubo de escape del vehículo es el resultado de una intoxicación por monóxido de carbono. Este gas afecta a la hemoglobina (el pigmento de la sangre) presente en los glóbulos rojos, que es la responsable de transportar el oxígeno por todo el cuerpo desde los pulmones hasta los tejidos y órganos.

En condiciones normales, el oxígeno que respiramos se une a la hemoglobina de los glóbulos rojos y forma una sustancia denominada oxihemoglobina. Las uniones entre el oxígeno y el pigmento son flojas, y el oxígeno se libera fácilmente hasta los tejidos cuando es necesario.

El monóxido de carbono interfiere con este proceso uniéndose a la hemoglobina en lugar del oxígeno y formando una sustancia de unión ajustada denominada metoxihemoglobina. La muerte es consecuencia principalmente de la falta de oxígeno.

Cigarrillos y Cerebro

Aunque todavía no se ha demostrado una relación específica entre el hábito tabáquico y las lesiones cerebrales similares a la relacionada con el alcohol, no existe ninguna duda de que los efectos generales del humo inhalado de los cigarrillos sobre las células cerebrales son extraordinariamente nocivos. Las necesidades de oxígeno del cerebro son importantes y constantes y las arterias cerebrales obstruidas transportan cada vez menos sangre oxigenada a las diversas áreas del cerebro a medida que progresa la enfermedad aterosclerótica. También llegan a ser especialmente vulnerables a la lesión y formación de coágulos, lo que conduce a una hemorragia cerebral y apoplejía.

Desde un punto de vista psicológico, muchos fumadores consideran difícil abandonar su hábito porque los cigarrillos “les permiten hacer algo con las manos”. Por incomprensible que le resulte a un no fumador, que inconscientemente se basa en otras estrategias del lenguaje corporal para tener confianza en sí mismo, esto puede representar un problema importante para mucha gente. La mejor solución son los métodos de relajación.




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