La presión arterial y su importancia en los pacientes hipertensos

La presión arterial cumple una función muy importante en nuestro organismo ya que sin presión no podríamos vivir. Lo primero que hacen los médicos ante un paciente que se encuentra en estado grave o que ha sufrido un accidente es revisar su presión arterial; si ésta es baja o no se encuentra (es decir, no puede registrarse), indica un estado de shock grave. Restaurar la presión arterial hasta sus valores normales es una maniobra decisiva, que salva la vida del paciente.

También la presión alta puede representar a la larga una amenaza para la vida. La posibilidad de que la hipertensión pueda tener efectos perjudiciales en nuestro organismo se comprenderá mejor con unas nociones sobre la presión circulatoria normal, los factores que la regulan y los diversos mecanismos que pueden afectarla.

Cómo circula la sangre

Nuestro corazón, una bomba con dos lados, hace circular por todo el cuerpo los 5 litros de sangre que contiene el organismo humano. La sangre drena al lado derecho del corazón desde las venas y se dirige a los pulmones, donde deposita el dióxido de carbono y recoge el suministro reciente de oxígeno (que acaban de inhalar los pulmones durante la inspiración). Después la sangre alcanza el lado izquierdo del corazón y circula de nuevo por todo el cuerpo. Durante el trayecto, los riñones eliminan el material de desecho y la sangre recibe los nutrientes digeridos por el estómago y el intestino delgado, procedentes de los alimentos.

La sangre fluye desde el corazón hasta la periferia de nuestro organismo a través de las arterias. La arteria de mayor tamaño es la aorta, que sale del corazón justo por detrás del esternón y se ramifica en diversas ramas arteriales que suministran sangre al cuello y los brazos. Después, la aorta sigue un trayecto descendente por el pecho y el abdomen por delante de la columna vertebral, también con ramas adicionales, y finalmente se divide a la altura de la pelvis en la arteria femoral derecha e izquierda, que son las arterias que suministran sangre a las piernas.

Este sistema circulatorio es como un mapa de carreteras, en el cual la aorta es la autopista de donde parten las arterias de la “carretera principal” hacia importantes ciudades. Pueden localizar fácilmente estas arterias percibiendo el pulso en diversos puntos de su cuerpo. La gruesa arteria braquial, que recorre los brazos, produce una especie de golpe en la parte interna de la articulación del codo.

Las arterias carótidas, que recorren la garganta en sentido ascendente, puede identificarse por el latido que percibirá a 2,5 cm aproximadamente a cada lado de la nuez de Adán. Si está asustado o nervioso y su corazón empieza a latir muy deprisa, habitualmente será consciente de su latido. A menos que sea una persona muy obesa, puede percibir el pulso con claridad debajo de la superficie de la piel y esto lo ayuda a descubrir cómo está reaccionando.

Si palpa profundamente con la punta de los dedos (aunque no con excesiva fuerza) la región de la ingle, podrá percibir la arteria femoral, el origen de la irrigación sanguínea de los músculos del muslo y la pantorrilla, de los pies y de los dedos de los pies.

Todas estas arterias de la “carretera principal” dan lugar a arterias más pequeñas de la “carretera secundaria”, que suministra sangre a los diferentes órganos y músculos a los que atraviesan. A su vez, estas arterias se dividen en arterias todavía más pequeñas que finalizan en forma de vasos de menor calibre, las arteriolas, que por último se dividen en los vasos más finos, los capilares. Los capilares forman una inmensa red de senderos y más senderos con un diámetro de aproximadamente 0,01 milímetros que recorren los tejidos.

La sangre distribuida hasta los capilares por las arteriolas es muy rica en oxígeno y en nutrientes esenciales (glucosa y aminiácidos). Estos nutrientes atraviesan las paredes de los capilares y alcanzan el líquido que rodea los tejidos y, de este modo, las propias células, que lo utilizan para mantener la vida. En condiciones normales, las moléculas proteicas de gran tamaño y los glóbulos rojos permanecen en el interior de los vasos, mientras que los leucocitos son capaces de atravesarlos cuando es necesario. Cuando un traumatismo o una bacteria o virus procede una reacción inflamatoria, las células lesionas segregan unas sustancias denominadas histamina y las paredes de los capilares sanguíneos dejan de pasar la sangre, por lo que el líquido adicional procedente del plasma, los leucocitos y, en ocasiones, los glóbulos rojos pueden escapar hasta los espacios de tejidos circundantes.

A medida que el oxígeno y los nutrientes salen de los capilares, el dióxido de carbono y otros productos de desecho del metabolismo celular penetran en estos vasos. Los capilares están conectados con pequeñas venas (denominadas vénulas) que se unen formando vasos cada vez de mayor calibre en el trayecto de retorno al corazón y a los pulmones.

En este sentido, los capilares son al mismo tiempo el final del sistema arterial y el principio del sistema venoso (venas) y forman un puente vital entre ambos sistemas. El conjunto de arterias, arteriolas, capilares y venas que forman la red de conductos o mapa de carreteras por el que circula la sangre, se conoce con el nombre de árbol vascular.

Marcello Malpighi, un catedrático de medicina y anatomía de Bolonia y Pisa del siglo XVII, y el primer anatomista profesional que trabajó con un microscopio, descubrió los capilares. El descubrimiento de Malpighi constituyó una ampliación muy importante del descubrimiento de William Harvey de la circulación de la sangre en 1628. Harvey comprendió que la sangre circulaba continuamente por todo el cuerpo; pero, puesto que tuvo que basar sus observaciones y deducciones en lo que pudo observar con el ojo desnudo, no pudo identificar los mecanismos por los cuales la sangre pasa desde las arterias hasta las venas.

Los descubrimientos de Harvey señalaron el término de la época de la medicina antigua y el principio de la ciencia médica moderna. La contribución de Malpighi sentó las bases para el extraordinario incremento de nuestros conocimientos de la anatomía, fisiología y metabolismo celular.




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Un comentario en La presión arterial y su importancia en los pacientes hipertensos

  1. Yacel Antonio Dice:

    waooo de verdad esta información es más que clara, tan fácil de entender para mis pacientes gracias,

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