Los buenos aceites vegetales traen a nuestro cuerpo los ácidos grasos esenciales que necesitamos para vivir

Reducir la ingesta de grasas es una práctica siempre asociada a toda conducta alimentaria saludable. Es bien sabido que enfermedades típicas de las sociedades desarrolladas, como la aterosclerosis —que significa arterias cegadas por ateromas, es decir, material graso—, cardiopatías, colesterol, obesidad, Alzheimer, cáncer… guardan una estrecha relación con el consumo de grasas.

Sin embargo, no todas las grasas son iguales en absoluto y tampoco es saludable caer en el error de dejar a nuestro cuerpo sin estas sustancias, que aportan energía y buenos nutrientes. En concreto, está por completo contraindicado suprimir los aceites vegetales.

Como medida terapéutica cada día habríamos de tomar al menos una cucharada sopera de buen aceite vegetal, pues el déficit de ácidos grasos esenciales contenidos en estos aceites provoca y acelera el proceso de envejecimiento.

Entre los aceites vegetales destaca el de oliva virgen. Las razones son diversas: su ácido oleico monoinsaturado alimenta y protege nuestro organismo; posee propiedades antiinflamatorias y rotectoras del sistema digestivo; aumenta el colesterol bueno, lo que previene contra la aterosclerosis y las enfermedades cardio vasculares; contribuye al crecimiento y mineralización de los huesos; posee componentes antioxidantes que defienden del cáncer.

El uso de este aceite es un puntal de la aclamada dieta mediterránea, con efectos saludables contrastados.




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