Manejo del alcoholismo y el abuso del alcohol

La mayoria de los alcohólicos y personas que abusan del alcohol adoptan una actitud renuente hacia el tratamiento porque niegan este problema. Es frecuente que lo acepten bajo presión. Los problemas de salud o legales suelen obligarlos.

La intervención es un proceso que ayuda a que el alcohólico reconozca y acepte la necesidad de tratamiento. Si le preocupa este problema en un familiar o amigo, comente la posible intervención con un profesional. Las sugerencias siguientes serían útiles para tal intervención:

  • Elegir el momento adecuado para hablar. Es adecuado un momento después de que persona se recupera de un incidente producido por la bebida, no mientras está bebiendo o intoxicada.
  • Hacer que participen muchas personas preocupadas por el individuo afectado.
  • Contar un plan de asesoría y tratamiento como parte de la intervención.

Tratamiento individualizado

Existe una amplia gama de tratamientos para ayudar a las personas con problemas de alcoholismo. El tratamiento debe ser individualizado. Es factible que se incluyan una evaluación, una intervención breve, un programa ambulatorio, consultoría o internamiento residencial. Es importante determinar primero si la persona muestra dependencia del alcohol. Cuando no se ha perdido el control sobre el consumo de alcohol, el tratamiento consiste en reducirlo. En caso de que la persona abuse del alcohol, quizá deba modificar su manera de beber. Si padece alcoholismo, la disminución del consumo es ineficaz e inapropiada. La abstinencia debe ser una parte de los objetivos del tratamiento de los alcohólicos.

En las personas que no dependen del alcohol pero experimentan los efectos adversos de la bebida, el objetivo terapéutico es reducir los problemas relacionados con el alcohol, frecuentemente por orientación o con una intervención breve. Esta suele abarcar la participación de especialistas en el abuso del alcohol, que pueden elaborar un plan de tratamiento específico. Las intervenciones pueden incluir la definición de objetivos, técnicas de modificación de la conducta, uso de manuales de autoayuda, orientación y cuidados de evaluación en un centro de tratamiento.

Muchos programas de tratamiento residencial del alcoholismo comunes en Estados Unidos se basan en el Modelo de Minnesota. Éste comprende la abstinencia, terapia individual y grupal, participación en Alcohólicos Anónimos, conferencias educativas, participación familiar, asignación de tareas, terapia de actividades y uso de asesores (muchos de los cuales son alcohólicos en recuperación), y personal multidisciplinario. (Se sugiere ponerse en contacto con la compañía de seguros para indagar si el tratamiento residencial está incluido en la cobertura.)
Además del tratamiento residencial, existen otras opciones, como la acupuntura, la biorretroalimentación y los tratamientos de motivación, de modificación de la conductacognoscitivo y de terapia de aversión.

Este último consiste en asociar la ingestión de alcohol con una respuesta aversiva intensa, como la náusea o vómito, inducida con un medicamento. Después de realizar varias asociaciones repetitivas, el etanol genera una respuesta aversiva y con ello disminuyen las probabilidades de recaída. Por razones evidentes, el tratamiento de aversión tiende a no ser atractivo, aunque suele resultar muy eficaz.




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