Perspectivas de enfermo reumático

Con la mejor intención de tranquilizar a quien empieza a tener dolores reumáticos, familiares y amigos dicen:

  • Esto es solo un poco de reuma.
  • Probablemente pasará pronto.
  • No vale la pena ir a ver al médico.
  • Toma aspirina, que la recetan los médicos.
  • Los médicos no curan el reumatismo.
  • Toma los calmantes del dolor de muelas.
  • El periódico anuncia algo para el reuma.

Estas cosas y más se dicen en toda casa, cuando algún miembro de la familia sufre los primeros dolores que anuncian la presencia del reumatismo, es decir, cuando empieza el proceso que lleva a la deformidad o incapacidad, si no se pone remedio. Estas son las causas que producen la invalidez la mayoría de las veces: el diagnóstico de «reumatismo», perder el tiempo con remedios caseros, aplazar demasiado la visita al médico, tomar calmantes para el dolor, etc. Todo el tiempo que tarde el enfermo en visitar al médico, la inflamación está dañando a las articulaciones y este daño no se repara.

Todo aquél que empieza a tener dolores debe saber que hay artritis muy graves y que tienen un tratamiento médico que producen muy buenos resultados. Cuanto más pronto se empiece, mejores posibilidades tendrá de conseguirlo. Pero ¿cuándo es «pronto»?

Si los dolores articulares inflamatorios persisten más de un mes, ya no debe esperar más y debe ir al médico. El problema es saber si efectivamente padece «artritis» o no, después, saber que clase de artritis es. El mejor recurso es ir a ver al médico. Si él no lo ve claro le mandará a un especialista.

Pero esto no siempre sucede así. Lo mismo si los dolores son persistentes que si son periódicos se puede recibir una receta de algún Una enfermedad aguda no da tantas oportunidades para dudar y decidir. El enfermo requiere de inmediato asistencia médica y el diagnóstico y tratamiento es cosa de horas. En las enfermedades crónicas no sucede así. Los síntomas aparecen poco a poco, no se les da importancia al principio, empieza uno con remedios caseros y sin darse cuenta el enfermo está siendo tratado por familiares, amigos y vecinos, malgastando un tiempo precioso y empeorando progresivamente. Decídase pronto a consultar con el médico. El le dirá de qué proceso se trata, le dará el tratamiento oportuno y lenta y progresivamente se recuperará.

Los procesos crónicos no son rápidos, ni cuando empeoran ni cuando mejoran, pero debe andar en la dirección debida con los medios necesarios para ir por el camino que conduce a la mejoría y no al empeoramiento. Sabrá también qué clase de cam bios son aconsejables en sus hábitos vitales, como les sucede a otros enfermos crónicos que padecen hipertensión, colesterína, diabetes o úlcera de estómago y adaptándose al tratamiento y colaborando estrechamente con su médico conseguirá evitar los grandes riesgos que tienen estas enfermedades.

Cuando un enfermo padece artritis crónica es preciso establecer una relación profesional estrecha con su médico, para que haya entendimiento y colaboración mutua. Esto es particularmente importante, porque tendrán que verse y hablar de su enfermedad con alguna frecuencia. Entonces el médico debe dedicar el tiempo necesario para explicar al enfermo de qué enfermedad se trata, por qué le receta aquella medicación, qué resultados se esperan obtener y cuáles son las novedades que pueden aparecer si hay alguna intolerancia o complicación que requiera una atención complementaria.

El enfermo debe saber que no hay dos que sean iguales, que tengan lo mismo en las mismas circunstancias, que no hay forma de anticipar cómo reaccionará cada uno al tratamiento o a una determinada medicación, o a ciertas restricciones en los hábitos vitales propios. El médico también necesita conocer tanto la enfermedad como la personalidad del enfermo, sus circunstancias personales, familiares, sociales y profesionales para adaptar el tratamiento necesario al enfermo sin imponerle más sacrificios, impertinencia y gastos que los estrictamente indispensables.

El médico no dispone de una panacea para conseguir de inmediato resultados milagrosos. Las artritis crónicas no lo permiten porque los mecanismos de su producción son muy agresivos, muy tenaces y muy destructivos y se requiere algo más que calmar el dolor para conseguir que desaparezca la inflamación, se detenga la destrucción articular, se corrijan las deformidades y se pueda evitar la invalidez. El médico sólo puede decir lo que hay que hacer, pero es el enfermo y los suyos los que tienen que hacerlo y hacerlo bien.

Con referencia al medio familiar hay que destacar lo siguiente. El enfermo de artritis tiene problemas de salud importantes que a veces le preocupan y le angustian. La enfermedad es una agresión importante en la persona del enfermo y el impacto que produce en su carácter y personalidad requiere mucha comprensión por parte de los que le rodean. Cuando un enfermo dice que tiene dolores y rigidez insoportables por la mañana cuando se despierta, por la tarde se encuentra ligero y alegre y por la noche está atormentado por los dolores, no está tratando de engañar a nadie.

Si un enfermo de artritis vive atormentado por el dolor durante una semana y a la semana siguiente vuelve a estar alegre y confiado, no lo dude, está reflejando lo que de verdad le ocurre. Así es como la artritis evoluciona. Hay días mejores y días peores. Hay horas de paz y horas de dolor. Hay temporadas de remisión y temporadas de empeoramiento. No crea que está fingiendo para inspirar compasión. Sólo necesita comprensión y un poco de ayuda para superar las horas difíciles. El enfermo no debe alarmarse cuando se encuentra mal ni confiarse cuando se encuentra bien. Respete sus altibajos, ayudándole y mejorará.

Hay enfermos que a pesar de todo creen que son tan fuertes como para resistir mucho y lo demuestran despreciando la asistencia médica. Hay otros que buscan a un médico capacitado y siguen sus instrucciones colaborando estrechamente con él. Pero también hay otro grupo de enfermos que van de «consultas» con el mismo espíritu que ciertas señoras van de tiendas. Ellos visitan al médico con sus propias ideas, respecto a lo que tienen y a lo que deben hacer y si no consiguen algún remedio que les ponga buenos en pocos días llegan a la conclusión de que aquel médico es un incompetente y se marchan a ver a otro.

Los enfermos deben saber que ningún médico competente y honesto puede prometer al enfermo lo que no se puede conseguir. Que el médico no puede cambiar una artritis crónica por el sarampión, porque cada enfermedad tiene su curso clínico y no es lo mismo una enfermedad aguda que una crónica. Que su misión es diagnosticar acertadamente la enfermedad que padece el enfermo y aplicar el tratamiento apropiado. Que el tratamiento apropiado es el que describen los tratados de medicina; que no hacerlo así es «mala práctica médica». Y también sabe que es más fácil cambiar de médico que de enfermedad.

Hay también enfermos o familiares de enfermos que lo único que esperan es una promesa de curación rápida y acuden al mejor especialista. Entonces si el médico les dice lo que puede dar de sí el tratamiento, el tiempo que requiere, la colaboración que necesita, los riesgos posibles, la forma de evitarlos y el seguimiento requerido deciden marcharse a otro médico o francamente a un curandero que les haga las promesas que ellos quieren. «A lo mejor lo que no sabe un médico de talento, lo puede resolver un analfabeto con su magnetismo.»

Padecer dolores a diario, no poderse mover como antes y depender de los demás es descorazonador. Los enfermos esperan mejorar, desean mejorar y necesitan mejorar, para librarse del tormento físico y de la angustia que esto ha producido en su personalidad. Esto les puede inducir a cambiar de médico con frecuencia, a hacer pruebas con remedios diversos. Están dispuestos a hacer cualquier cosa si se les dice que encontrarán una mejoría rápida y segura. Entonces están sólo preparados para aceptar aquello que les prometa quien les quiera engañar.




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