Terapias alternativas para hipertensos

Las terapias alternativas (complementarias) se utilizan de manera creciente para el tratamiento de numerosas enfermedades. Las más comunes, la acupuntura, la homeopatía, la osteopatía y la quiropráctica, se utilizan en Europa desde hace muchos años. Pero durante la década de los 70 y de los 80 se ha producido un aumento especialmente notable de su aceptación y disponibilidad. La profesión médica ortodoxa en ocasiones envía a los pacientes a terapeutas que ejercen medicinas alternativas, y en muchos casos los médicos poseen una formación en estas disciplinas.

La fitoterapia requiere una especial mención. No sólo ha sido la principal fuente de tratamiento médico de millones de personas en Europa y en otras partes del mundo, sino que ha constituido la base sobre la que se ha desarrollado el conocimiento farmacéutico moderno.

No obstante, todavía nos queda mucho por conocer sobre las terapias complementarias y su filosofía subyacente. Numerosas personas siguen siendo escépticas por lo que respecta al valor de aplicar una aguja de acupuntura en la piel del lóbulo de la oreja para aliviar las ansias de comer de un bulímico y los síntomas de abstinencia del tabaquismo. La homeopatía todavía sigue siendo ridiculizada por los que, aunque no niegan que “lo mismo puede curar lo mismo”, dudan que la potencia de los remedios homeopáticos sea inversamente proporcional a la cantidad de sustancia activa que contienen. Y la reflexología, la presión aplicada en determinados puntos de las plantas de los pies, resulta sorprendente para muchos recién llegados a la medicina alternativa ya que la consideran una extraña forma de aliviar un dolor de espalda, un dolor por una úlcera de estómago o un eccema.

Lo más importante de las terapias alternativas es que se basan en una visión diferente de cómo funciona el cuerpo. La medicina convencional considera las enfermedades según un esquema de causa y efecto y, por ejemplo, trata la cistitis (la inflamación de la vejiga urinaria) con antibióticos para destruir las bacterias, y un resfriado de nariz con una aspirina para aliviar la fiebre y la inflamación. La medicina alternativa, en cambio, adopta una visión más amplia, es decir, holística, y atribuye la enfermedad a la alteración de la armonía global que en una persona existe entre cuerpo, mente y espíritu.

Las terapias alternativas pretenden descubrir la razón del desequilibrio y corregir la causa siempre que sea posible. Reconocen la existencia de la fuerza de la vida, que identifican con el principio que diferencia la materia viva de la materia no viva, y afirman que esta potencia depende de la armonía y de la constante cooperación de todas estas partes, físicas y etéreas, de las que estamos constituidos. Aunque la medicina convencional puede ofrecer tratamientos específicos, sobre todo fármacos, para la mayor parte de las enfermedades, las terapias alternativas, basadas en una filosofía más amplia, utilizan un número relativamente insignificante de técnicas correctivas.

El concepto de la fuerza de la vida y los fundamentos de las maniobras con que se restaura su potencia han sido el centro de las controversias que separan la medicina ortodoxa de la complementaria. A pesar del advenimiento de pruebas cada vez mayores que respaldan la realidad de la fuerza de la vida y el éxito logrado por los terapeutas complementarios en casos en los que ha fracasado la medicina convencional, la dicotomía sigue establecida firmemente. Los médicos que añaden la acupuntura a los tratamientos que ofrecen a sus pacientes tal vez no crean que ello libera los canales obstruidos (meridianos) por los que fluye la fuerza de la vida, pero la profesión médica en conjunto está prestando cada vez mayor atención a las pruebas científicas objetivas que respaldan la interdependencia de mente y cuerpo y los posibles efectos adversos del uno sobre el otro.

Los terapeutas alternativos atribuyen una gran importancia a los efectos de las emociones sobre el organismo humano, y los consejos desempeñan un papel importantísimo en muchas de sus terapias. Tradicionalmente, los médicos dedican menos tiempo a hablar y a escuchar que a extender recetas. Sin embargo, la investigación reciente ha demostrado que el sistema inmunológico de defensas nuestro principal medio de protección frente a bacterias y virus, las modificaciones cancerosas de las células y el envejecimiento prematuro está debilitado por el estrés, la ansiedad y la depresión, y que somos más susceptibles a las enfermedades infecciosas y al cáncer cuando nos sentimos tensos y desdichados de manera persistente.

A medida que la investigación demuestra la eficacia de las terapias alternativas, los médicos ortodoxos inevitablemente les prestan mayor atención y tratan de comprenderlas y aceptarlas. Muchos terapeutas complementarios comprenden la necesidad de sustentar las terapias que practican en una base más científica y disciplinada. Esto no significa, por ejemplo, que la reflexología carezca de veracidad porque su eficacia no puede demostrarse en condiciones de laboratorio, sino que reconoce el valor de los ensayos clínicos siempre que son aplicables así como la necesidad de establecer cursos de formación bien organizados para los futuros terapeutas.

Se ha demostrado que la mayor parte de las terapias alternativas son útiles en los casos de hipertensión, ya sea porque ayudan a disminuir la hipertensión en un sentido directo o porque combaten factores adversos tales como el estrés, las hiperlipemias, los síntomas de abstinencia del alcohol y el tabaco y un sobrepeso o una obesidad. Ya hemos revisado los métodos de relajación e hipnoterapia y en este capítulo final examinaremos qué pueden ofrecernos la naturopatía, la fitoterapia, la homeopatía y la acupuntura.




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